
- ¿Y qué se puede hacer cuando tus sueños dejan entrar todo lo que tienes atado cuando estás despierta? ¿Qué hacer cuando la noche, aprovechando tu indefensión, elige el invitado a quien ofrecerás tu piel desnuda, tu pelo enredado y las humedades que escapan de tu alma, aunque tú no quieras?
Nada puedo hacer, sólo intentar borrar su dulce sabor y procurar dormir menos. - pensó contradiciendo a su párpados, prendidos aún en aquellos labios que ella ya no quería besar, mientras Klimt, además de pintarla, soñaba que aquella pelirroja adormecida era suya.
2 comentarios:
Ya me gustaría a mi que alguna perlirroja me soñase aunque no fuese su voluntad.
Un placer leerla.
Pues espero que se cumpla su deseo.
Un saludo y gracias por su regalo.
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