martes, 22 de abril de 2008

El ajuar de los sueños







"Realmente, con este tiempo climatológico, parece que lo único que apetece es preparar el ajuar de los próximos sueños".

Eres único hasta para regalarme el ajuar de los sueños, único y con una puntería exquisita.



Cómo casi siempre la entrada ha quedado interrumpida, y ha dado tiempo a salir el sol y cesar la lluvia. Cómo casi siempre las nubes sólo amenazan pero no mojan y yo... no puedo parar de escribir.
Entre comillas he atrapado lo escrito anteayer, lo otro lo acabo de escupir entre función y función.


"Hoy mi corazón, mojado por tanta lluvia que no cesa, se columpia en la ilusión de un proyecto que apareció ante mis ojos tras una breve apertura de telón. Un sueño hecho carne, hecho posibilidad real. Puesto ante mí de ese modo tan teatral que sólo los dramaturgos poseen, los dramaturgos que se buscan el garbanzo cada día y que logran vivir de los sueños.



Me hacía falta una sacudida así, que alguien pusiese ante mi pereza para venderme y sacarle rendimiento , (porque no tengo pereza para nada más) un sueño que además de cundirme me permita no dejar de soñar.




Pero es que además hoy he tenido un mal rato por culpa de una de esas gilipollas que se creen el ombligo de la humanidad, una de esas tontas del culo que en vez de hacer una fiesta para casarse construyen un infierno con el que intentar joder a los demás. Una imbécil, una gilipollas integral que va para notaria y que no sabe estar con los demás. No la ví pero tengo en mi mente su retrato porque todos los notarios que conozco (pocos gracias a dios) son iguales y desde siempre me dan una grima terrible.



Suelen estar blanquísimos, casi transparentes, se pasan las horas mirando los tubos fluorescentes del pasillo como yo puedo mirar al cielo y esa luz se queda pegada a su piel de modo irreal pero inconfundible por ese halo tubo de neón.
Suelen ser feísimos y usen el tipo de gafas que usen a todos les quedan igual. Da igual que sea invierno que verano, suelen llevar manga larga y chaqueta que deja ver los puños de ésta, nunca más larga.
Siempre que miran a alguien giran la cabeza de un lado a otro sin rozar el cuello de la camisa, de manera que parecen unos engreídos, pero yo me he fijado que eso tiene que ver conque llevan las camisas planchadas de tal modo que los cuellos qudan totalmente tiesos y desagradables al tacto. También mueven las muñecas de la misma manera, como evitando los puños y siempre con un rictus de sufrimiento. Da igual que sean chicos que chicas, tienen el mismo tipo de piel y desprenden el mismo olor a rancio, que no logran disimular ni bañados en las más subyugantes colonias, pero además tienen un marchamo especial que llevan grabado en su mirada: no saben mirar a los ojos.
Son capaces de leerte, a ti y a tu socio, o pariente, todo un tratado sobre los derechos que una entidad de crédito adquiere sobre tu casa como si rezaran el rosario, o te diesen un sermón escrito por otro ser de una especie muy parecida a la de ellos, pero más zorra. Intentan que abras los ojos y previnirte del desastre que se te avecina con el compromiso que vas a firmar, sin darse cuenta de que la monotonía de su tono de voz y la frialdad que exalan su piel y sus poses te impiden atender a su discurso, pero además, mientra lo hacen, si te fijas bien, podrás ver como sus pestañas, emitiendo el sonido, muy bajito, es verdad, de una máquina registradora tan rancia como ellos, suman el porcentaje que te sacarán por dar fé.
Dar fé cuesta una pasta

Si algo bueno tenía la fé, tal y como yo la entendía, es que solía ser gratis y que de costar algo te la cobraban con penitencias y alguna limosna, pero nada comparado con lo de estos chicos del halo neón.



Pues todo este rollo para hablar de la poesía de este ajuar de los sueños y cagarme en la madre que parió a la futura notaria y en la desconsideración con la que se crió la capulla ésta de los cojones.


Qué pena me dan las puntillas y encajes de un ajuar en el infierno, qué inutilidad. Y sin embargo qué hermoso me resulta el ajuar de los sueños, de cualquier sueño."


Si tuviera que hacerme yo un ajuar de sueños de amor lo haría parecido al de estas fotos, muy parecido. Lleno de tela blanca, mínimos y extraños volantes, sencillas y recatadas puntillas, y puntadas vacías de lluvia, a no ser que pudiese verlas cayendo sobre un río, y llenas de besos con las que fabricaría mi animalario.
Pero ahora fabrico un nuevo ajuar que ha saltado de uno de mis sueños, y que consite en una torre del cuento de Lara, con ventana para las ilustraciones y ruedas para ser transportada. En mi nuevo ajuar también llevo una ilustración de un muchacho lleno de grelos llegando a Londres, que vivirá en un libro inglés, una afombra de trébol, con cuadrados para tomates, judias y flores, un montón de sentimientos atropellándo las palabras que esperan a salir en forma de cuento y el sueño de noches "de colinas, valles y un poste telegráfico".



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