lunes, 28 de enero de 2008

Necesito un cuento para dormir.



He visto que eran las dos y doce, 212 una hora muy pato, o muy pata, o muy ...puta, ¡una lata!. Estoy despejada pero me tengo que acostar, estas no son mis horas...
Vivo las mañanas con mucha intensidad y necesito estar fresca y... ¡ya me voy de aquí! pero antes se me ocurrió una cosa, y es preguntaros si conóceis la historia de este cisne.
¿Alguien me la quiere contar?
Me gustan los cuentos, mucho y que me los cuenten a mi...mucho más.
Mis amigos escribís muy bien. Todos, sin excepciones, así que ...podíais hacerme ese regalo. No seáis vagos, ni pudorosas, y contarme, por favor, ¿qué hace el cisne nadadando en esa la lata...?
¡Hastaaaaa maaaañaaaaanaaaaaaa!

3 comentarios:

Anónimo dijo...

No soy amigo tuyo, ni escribo bien, pero te mereces un cuento y te lo mando:

Este era un patito feo que cuando creció se convirtió en cisne pero aún así nunca se atrevió a salir de su cascarón. Un día lo perdió y se tuvo que inventar uno pues era más facil eso que gustarse y atreverse a vivir.

Te mando un beso de cisne metido en una lata de sardinas.

Anónimo dijo...

Pues para no ser mi amigo ni saber escribir bien ...¡menudo regalo más lindo! Sólo 44 palabras y un cuento con todas sus partes y tan lleno... ¿de ti?

Gracias, muchas gracias, por el cuento y por el beso de cisne en lata.
Para ti otro beso, este de mar, y con abre latas.

Anónimo dijo...

Este cisne tiene una historia bien curiosa y como soy tu amiga del alma, pues no me queda más remedio que contartela.
Se que a ti te hubiera gustado que simplemente se hubiera metido en la lata para hacerse la foto, pero no fue así.
El cisne se llama Jean Antoine Patte de Foie (es que es francés).
Nació de una familia muy aristocrática y elegante y toda su infancia se desarrolló en los grandes lagos de un chateau del sur de Francia.
Todo iba estupendamente en su vida, aunque tambien hay que decirlo, era una vida un tanto monótona y aburrida. Por las mañanas, hacia unos largos de laguna para mantenerse en forma, por las tardes se acicalaba y engrasaba bien sus plumas para ir a la conquista de alguna cisna que estubiera de buen ver para dar envidia a sus amigos y los fines de semana, organizaban unos partidos de patadas que casi siempre terminaban de una forma drámatica ya que habia más de un cisne que se habia quedado pataplégico en la flor de la vida, pese a las recomendaciones de sus madres de que no realizaran deportes tan brutos para unas criaturas tan elegantes.
Un buen día, se dijo que ya estaba harto de comer hojaldre remojado en leche y que necesitaba dar sentido a su vida y conocer mundo y nadar en otras aguas y pavonearse con otras cisnas exóticas, aunque la palabra pavonearse le resultaba extremadamente vulgar, pero nadie habia inventado aún la palabra patonearse.
Así que pensado y hecho.
Una helada mañana del mes de Enero se despidió de sus padres con grandes lagrimones y muchos aleteos, prometiendo volver hecho un cisne de provecho (yo supongo que un cisne de buen provecho será el que tenga el higado bien gordo ¿no?)
Bueno, pues como te iba diciendo, que a la mínima me despisto y sin querer, me voy a contarte otra historia. Pues eso, que nuestro cisne aristocrático, se marchó una fria mañana de enero sin llevarse ni siquiera unas plumas de repuesto, sin pensar en su inocencia que hay por el mundo muchos desalmados que a nada que te descuides te despluman.
Pasaron muchos meses y logicamente nuestro protagonista vivió grandes aventuras, algunas apasionantes y hermosas y otras verdaderamente terribles ya que en varias ocasiones estuvo a punto de ser capturado y otras muchas, de morir atravesado por los tiros de tantos y tantos cazadores desaprensivos y cegatos que no saben distinguir entre una codorniz y un cisne.
¡Ay, amiga mia! pero las cosas iban a cambiar muy pronto para nuestro amigo:Se enamoró, como lo oyes. Se volvió loquito perdido por una pata japonesa que conoció en un parque.
Al principio todo fue maravilloso, pero con el tiempo, la pata Lota (ese es su nombre) se fué volviendo conservadora y martirizaba continuamente a nuestro amigo con que queria tener una vida estable, tener patitos o cisnitos o lo que saliera, en definitiva, vivir en un estanque seguro.
Al fin,decidieron establecerse en Japón.
Viajaron mucho tiempo hasta llegar a su destino y cuando lo lograron, cual no seria su sorpresa de que a pesar de que buscaron y buscaron, en agencias, por su cuenta, recomendados por los familiares de pata Lota, en fin, que hicieron lo indecible para encontrar un estanque digno donde establecerse, pero las posibilidades de encontrar un espacio libre eran casí imposible.
Al fín, por medio de algún regalito que otro, consiguieron sobornar al gerente de un estanque que tras muchas gestiones, pudo hacerse con una hermosa lata de pescado donde alojar a nuestra pareja.

Hoy, siguen atrapados en un hermoso estanque, siempre preocupados de no chocar con las latas de sus vecinos para no tener que pagarles los desperfectos, ya que los cisnes no tienen seguro.

Así que esta es la historia de un cisne metido en una lata, aunque como puedes ver no es una lata roja, ni verde, ni oxidada. Es una explendida lata de oro, no podia ser de otra manera ya que en ella habita un elegante cisne aristocrático y frances.