jueves, 10 de enero de 2008

Mi panadero: Amor a Quemarropa

El primer dilema moral que recuerdo sobre el que opiné con pasión, apareció ante mí cuando estaba a punto de cumplir seis años, aunque ya me había torturado algún remordimiento de conciencia anterior, nada había tenido la intensidad de aquello.
La culpa arde en el corazón, pensé, pincha caliente, se clava y su humo sabe amargo, pero la traición tiene que cortar por dentro y dejarte sangando para toda la vida.


El cuento de las cabritillas y la mamá que las dejaba solas, y cómo el lobo obligaba al panadero a pintarle las patas de blanco, para engañar a las siete criaturas indefensas, ya me había planteado el dilema.
Mi madre lo resolvía diciendo que al panadero no le quedaba más remedio si no quería morir, a lo que yo contestaba que era muy injusto porque cambiaba una vida por la de siete niños, el muy desgraciado.
Mi padre decía que cuando la vida de uno está en peligro nos parece que vale más que la de siete, o siete mil, pero que eran siete cabritillas indefensas!!!! y el era un hombre! ¿podría hacer algo, no?
Mi hermano me decía que era tonta porque lo que cambiaba el panadero era la vida de un hombre por el de siete cabras, a lo que yo contestaba que eran cabras habladoras (sabían preguntar ¿quién es? cuando llamaban a la puerta) así que en ese cuento las cabras y los hombres valían lo mismo, y entonces todos me preguntaron qué haría si fuese el panadero y un lobo estuviese a punto de destrozarme con sus dientes, y no lo dudé ni un instante:
-Le engañaría- dije muy seria- Le haría creer que en mi horno estaba asando veinte cabritillas y que si no las quitaba pronto de allí se carbonizarían. M mientras buscaría un buen palo y cuando el lobo se diese la vuelta para mirar en el horno, le daría un golpe seco en la cabeza.
Mi madre se rió, mi hermano se mofó, y mi padre me dijo que era una valiente, pero ya había llegado mi abuelo que me invitó a escribirle un nuevo final al cuento.


Nunca entendí como todo el mundo podía justificar que el panadero accediese al deseo del lobo aún para salvar su vida...nunca, ni siquiera ahora.
Pero aquella tarde de marzo el dilema vino a mí porque alguien había escrito en la pared del baño: "Doña Mari es una puta".
Acabábamos de saltar del cielo de las doñas Lolitas de parvulitos a la tiranía de aquella terrible sargenta. Con ella, mientras torturaba con burlas y castigos a mi compañero, me había salido mi primer eczema en la cabeza. Yo lo había contado en casa, y me decían que algo habría hecho ese niño para que la profesora le tuviese que reñir, y que el eczema me había salido por rascarme. -Pero no es que le riña, mamá, ¡es que le hace mearse encima!
Así que esa tarde cuando Doña Mari me cogió de la oreja y me dijo:
Sólo tú , Tito y Genoveva tenéis buena letra, y me arrastró hasta la pintada del baño, me sentí como el panadero, porque de inmediato reoconocí la letra del niño que llevaba sentándose a mi lado desde hacía dos años .
"Dona Mari es una PUTA" , ponía en el azulejo del baño de las niñas.
Se lo había chivado Marimar que era tan mala como la quina y que nunca chupaba una bronca.
Primero pensé en jurar por dios, aunque me fuese al infierno de cabeza, que había visto a la chivata pintando sobre el azulejo para vengarme por todas sus maldades rubias sin dientes. Luego pensé decirle a Doña Mari que el culpable estaba dentro del water y darle un buen palo en la cabeza en cuanto se diese la vuelta, pero eso me pareció bueno para un día cuento, pero no para un día de cole. Cuando ya me había quedado sin recursos, ,y el baño y la profe habían multiplicado su tamaño por diez, de repente, no sé ni cómo, le solté un:
"Claro que se quien fué pero...ni aunque me mate se lo diré"
que me pareció tan literario y consecuente con lo que yo pensaba del panadero y las cabritillas, que la que se multiplicó esta vez fui yo. Su bofetada en la cara paró mi crecida y las dos, junto con el baño, volvimos a quedar a tamaño natural, pero no pudo sacarme nada, ni ella, ni la directora, ni mi madre cuado llegó.
NA DA de NA DA. NA DA de NA DA. NA DA de NA DA sonaba dentro de mi cabeza como un columpio oxidado. Me sentí mi propia héroe y me gustó...mucho.
Intentó torturarme el resto del año, pero no pudo porque yo ya le había perdido el miedo, y me daba igual todo lo que me hacía y me llamaba.
¿Nos va a tirar de los pelos doña Mari, o hoy nos tendrá todo el día mirando a la pared?
Así le habala yo. Mi madre acabó visitándola y parándole los pies, las manos y la mala baba, y yo no le volví a consentir que en mi presencia torturase a ningún niño sin hacerselo saber.
"Usted hace mearse a Tito, Carmen tartamudea en cuanto la ve, y a mi me tuvieron que rapar un trozo de la cabeza por usted, sólo por usted". Me nombró su secretaria y me apuntó a toda cuanta actividad se hacía fuera de la clase sólo para no verme el pelo... así empezó mi carrera por los pasillos del colegio.


Mucho tiempo después me encontré con esta hermosa película y su preciosa música, que por supuesto no es la que sale en este trozo, aunque ésta además de maravillosa quede aquí como dios en las iglesias. En ella encontré al panadero que hubiese querido encontrar en el cuento de las cabritillas dando una oportunidad a éstas.
Buscan a su hijo, por supuesto no lo va a vender. Tiene una buena paliza encima cuando le dan a elegir entre morir rápidamente, para ello tiene que entregarles a mis cabritillas, o sufrir al estilo siciliano...
Mi panedero convierte los últimos minutos de su vida en... pura dignidad. Lo reconocí de inmediato, en cuanto lo vi crecer y multiplicarse por diez..mil.

Subo este vídeo en castellano, pero dejo quí el enlace a la secuencia original y completa:http://es.youtube.com/watch?v=ZnAdWKiy-sc&feature=related



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