
Desayuné con la luz del sol entrando en la cocina, con mi enanito enfrente leyendo a Mortadelo y con la mesa llena de exquisitos manjares.
Me encanta desayunar con la tranquilidad y el orden necesarios. La cocina recogida y la mesa llena de colorines de frutas, bollos , jamones, y mermeladas.
Hoy amaneció tan lindo y con tantas ganas que quise fotografiar el desayuno pero , como casi siempre, me había olvidado de poner las pilas a cargar y no pude.
La luz dorada de la mañana , derramándose sobre la mesa de la cocina y sus manjares, hacian de mi desayuno un momento para estirar y eternizar, para atar con mis ganas y mi cámar. Pensaba, mientras saboreaba mi pan tostado con caramelo de aceite de oliva y azucar moreno, y mis lonchas de jamón rellenas de mermelada de naranja amarga. Quise retratar guapo mi desayuno pero ...mi cámara no tiene sensores que se enciendan con mi voz... (Aquí se me ocurre una historia hermosísima sobre un amor que se enciende sólo con palabras...)
Mientras saboreaba y pensaba colgar aquí la foto de hoy, recordé otra foto y otro desayuno que me apetecía mucho más colgar aquí.
Nos fuimos los tres juntos.Abandonando la supuesta compostura que debe llevar consigo una mujer casada, invité a ese amigo que tengo al otro lado de todas mis orillas.
-Tengo la auto ¿te vienes conmigo?
Así empezó una conversación que duró quince minutos por un chat, antes de la comida. A los tres minutos de empezarla ya habíamos decidido que mejor ir al interior que al mar. Él mima las costas, las suyas porque además de gustarle le pagan, y las mías porque además de gustarle, me quiere. Pero demasiada arena y mar para irnos a pasar dos días
¿A qué hora acaba tu hermano? ¿te apetece? Pues le esperamos y nos vamos los tres.
Allá me fuí un soleado y hermoso sábado de septiembre a buscarlos a mi barrio.
Como siempre estuvimos en la gloria, o como queramos llamarle a ese punto mágico donde hace treinta años dejamos instalado nuestro miroscopio, ese que podemos encoger y estirar y por el que aparezca la imágen que aparezca, siempre encontraremos una risa incontenible , incluso en medio de las lágrimas y la tristeza.
No fuimos al interior, no, nos fuimos a la contradicción, como siempre, esta vez a los acantilados más altos de Europa, disque, donde la oscuridad de la noche brilla tanto de estrellas, que crees estar en tu pasado.
Ciudades que apagan estrellas, bosques talados y quemados, urbanizaciones que desdibujan las costas, canteras que rompen el perfil de aldeas y mágicos luares... Allí no existen. Nada . Todo está igual que antes. Que el antes mío, que el antes de mi madre, que el antes de mi abuela...Indudablemene el tiempo está detenido en San Andrés de Teixido, igualito que el cariño que sentimos los tres. Detenido en un punto sin retorno, donde ni una gota se puede perder, ni evaporar, ni deshacer, donde no puede crecer más, de tan crecido que nos ha salido. Un cariño que no reconoce el antes, ni el hoy, ni el mañana. Un cariño intemporal...eterno.
Hubo noche en la playa, un cuento antes de dormir y un amigo que se convirtió en piedra hasta que llegó la manaña, entonces buscamos una mesa donde desayunar...
Le pedí permiso a mi "exquisito" para poder colgar aquí la foto del desayuno con diamantes, y me lo dío, me dijo que vale, riéndose de él. Dijo que porque ya casi estábamos en carnaval y de ese modo ya no importa y todo vale, pero voy a colgar otra foto más en la que se les ve, porque quiero peresumir de ellos.
Con todo mi amor, ese que está detenido porque no necesita moverse más que para poder disfruarlos, quiero que la baba me cuelgue desde Irún hasta Sevilla, pasando por Valladolid.
Le pedí permiso a él, mi debilidad triangular. A su hermano no se lo pedí... y aunque sé que se enterará, porque nostros se lo digamos, pues no tiene internet, ni móvil, ni báscula que escupa papelitos con las cuentas... supongo que todo lo más que le dará será un ataque de risa. Como siempre, con el cariño detenido.
El viernes te veo... con mi pistola y mi corazón. Besos.
2 comentarios:
Pierdo la poesía por momentos,
los marchitos días en Manchester a veces me arrastran hacia un olvido y de repente...leo a María y rompó
a llorar de felicidad.
Me gusta juntarme con aquella gente que no me mira de forma extraña cuando digo una tontería, y que decir, María es una de ellas.
Eso sí, personas siempre en una permanente huida de la monotonía de
los días, buscando sueños salvajes que nos lleven a lugares no explorados, que miran los amaneceres desde la ventana de la cocina con cara de niño de 2 años, que desabrochan sus corazones de vez en cuando para volverlos a desabrochar a la mañana siguiente.
Que decir que no sepas, María.
que como escribí, a veces se me acaba la poesía pero leyéndote vuelvo a pasados inciertos que parece que se pierden por los cajones de mi memoria y como no, pues vuelven mis recuerdos y me llenan de mi felicidad por todo aquello que un día ví o que fuí,
un beso muy grande desde Manchester y muchos abrazos a todos, especialmente a ese niño que nos lleva a adentrarnos en el bosque y encontrar juguetes en los árboles
Juguetes y... gallinas que esos niños, de los que nunca vamos a prescindir, presumieron abandonadas por la peste polluna, jajajajaja.
Qué alegría tus palabras desde tu corazón en Manchester.
¡Qué lindo eres y qué bien escribes, David, y cuánto cariño me llega!
Mi baba discurre de tal modo que se podrían montar unos caneiros en ella. Pulpo, empanada y vino sobre las barcas que remontan el Mandeo en agosto sobre mis aguas de orgullo y cariño.
Visítame más por favor, es un lujo leerte mientras no nos dejes pasear contigo.
Besos de tía, de mamá, de amiga, de loca carioca que sólo persigue disfrutar de cada instante de su vida.
Recuerda que la olla sigue en mi cocina. Te quiero un montón.
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