martes, 1 de enero de 2008

PRIMER TROZO DEL 2008



Nunca hago listas de propósitos cuando el calendario dice que cambia el año, prefiero los labios a las uvas y que el número doce me sepa a besos.

Inauguré el milenio yéndome a la cama con Harrison Ford...
Parece ser que nos quedamos dormidos antes de las doce, en camas, e incluso continentes, diferentes, pero montados en la misma burra y hastiados de las sugerencias para celebrar aquel "momento histórico".

No creo que nada especial ocurra porque el reloj marque una vez más las doce, ni que mi vida vaya a cambiar porque la madrugada se llame dos mil, dos mil siete, o dos mil ocho.

Mis fiestas tienen más que ver con quién vaya a estar en ellas que con ninguna fecha, y la palabra calendario imbricó su significado con la imagen de un hombre al que yo amé y deseé con orgullo y que hoy sigue siendo mi amigo.
El contenido y el continenente colocados como escamas de pez: CF,FC...


Sólo el solsticio de verano con saltos de hoguera y agua perfumada y los cumpleaños de zanahoria y coco son inamovibles en mis ritos. Pero desde hace días, una canción me sacude, me mueve, no me deja parar de bailar, haciéndome sentir muy viva y llena de poderío. Y a ésto se le ha dado por ocurrir justo en la línea que cruza el 2008, y a mi me apetece celebrarlo.
Así que subo a este caja morada y azul el enlace. Suena mal pero podéis buscarla en goear que ahí sí que suena bien.

Habla de una línea que ya está dibujada y cuenta que el que no espabile se quedará atrás porque ...los tiempos están cambiando.

La música y la voz del dandy que "Avalonó" tantas de mis noches hace que estrene con esta canción el año llamado dos mil ocho, año internacional del planeta Tierra.

Por ello esta noche de insonnio cagarrínico (soy así...) quiero inaugurar la nueva hoja de un calendario sin ninguna imbricación ni contenido porque:


The Times They Are A-Changin



¡FELIZ AÑO!





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