
Hace unos días, en medio de toda la ilusión de la que soy capaz y empapada por la admiración que siento hacia “esa extraña pareja” que hacen Pepe y Adán, verdaderos magos capaces de transformar lo cotididiano en un sueño con el que luego nos obsequian, asistí a una de tantas hermosas narraciones de sus vidas y las personas que habitan en ellas.
Mientras Pepe me contaba que a una amiga suya se le metió entre ceja y ceja o, entre lo que a ella le dio la gana, juntar las aguas de todos los océanos de modo literario y sagrado, estas tres palabras “aguas de océano” escaparon de su narración haciendo ondas y tomaron vida propia.
Mientras Pepe me contaba que a una amiga suya se le metió entre ceja y ceja o, entre lo que a ella le dio la gana, juntar las aguas de todos los océanos de modo literario y sagrado, estas tres palabras “aguas de océano” escaparon de su narración haciendo ondas y tomaron vida propia.
Aguas de océanos.
Mis oídos se llenaron de olas y gaviotas, y no me extrañó porque el mar vive dentro de las caracolas, como el amor, para siempre, sólo hay que pararse a escucharlo, y como eso lo sé...no me extrañó.
Aguas de océanos.
Mi olfato me trajo el olor a algas, sal y piel caliente y tampoco me extrañó... pues éste, además de hacerme viajar por el tiempo, tiene aún más memoria que yo.
Mi olfato me trajo el olor a algas, sal y piel caliente y tampoco me extrañó... pues éste, además de hacerme viajar por el tiempo, tiene aún más memoria que yo.
Aguas de Océanos.
Mi ojos llenaron mi cocina de bravas olas azules y bahías verdes descansadas. Ambas lamían mis pies y, cada seis horas, cuando la marea crecía, ellas acariciaban mis rodillas o masajeaban mi nuca, depende...pero las dos cosas me gustaban.
Mi ojos llenaron mi cocina de bravas olas azules y bahías verdes descansadas. Ambas lamían mis pies y, cada seis horas, cuando la marea crecía, ellas acariciaban mis rodillas o masajeaban mi nuca, depende...pero las dos cosas me gustaban.
Las sillas y las mesas flotaban con los niños y las abuelas sentados en ellas. Y no me extrañó ver a mi madre y a mis hijos navegando sobre barcossillas, porque alguien me había contado con ojos enamorados que al agua no hay muro que la contega y además yo sé... que puede nacer donde menos la esperas.
Aguas de Océanos:
Mi piel se llenó de salitre y mi pelo de largos rizos que van perdiendo las sirenas. Mis labios probaron la sal en las olas y mi lengua quiso lavarse en ellas, y no me extrañó quedarme sin palabrotas para todo el día…porque me sabe y me sienta tan bien el mar que a más de cien metros de la orilla me siento desabrazada y... tierra adentro.
Mi piel se llenó de salitre y mi pelo de largos rizos que van perdiendo las sirenas. Mis labios probaron la sal en las olas y mi lengua quiso lavarse en ellas, y no me extrañó quedarme sin palabrotas para todo el día…porque me sabe y me sienta tan bien el mar que a más de cien metros de la orilla me siento desabrazada y... tierra adentro.
Aguas de Océanos:
Mi corazón se llenó de una marea plácida y tranquila con mansas olas que lamían mis heridas. Entraban y salían de mis alcobas llevándose cualquiera de mis trastos olvidados y lavando el polvo anclado en las abandonadas esquinas. Una vez más se sintió limpio y no me extrañó... porque no hago inventarios de agravios y sé desprenderme de todo aquello con lo que no me es posible ser feliz.
Mientras Pepe me lo contaba y yo veía, saboreaba, olía, y sentía aguas de oceáno dentro y fuera de mí, volví a recordar que nuestras células todavía llevan impresas la huella de haber sido plasma marino y que por eso era tan sencillo sentirme anegada por el mar y seducida por cada una de sus gotas de agua salada.
Mi corazón se llenó de una marea plácida y tranquila con mansas olas que lamían mis heridas. Entraban y salían de mis alcobas llevándose cualquiera de mis trastos olvidados y lavando el polvo anclado en las abandonadas esquinas. Una vez más se sintió limpio y no me extrañó... porque no hago inventarios de agravios y sé desprenderme de todo aquello con lo que no me es posible ser feliz.
Mientras Pepe me lo contaba y yo veía, saboreaba, olía, y sentía aguas de oceáno dentro y fuera de mí, volví a recordar que nuestras células todavía llevan impresas la huella de haber sido plasma marino y que por eso era tan sencillo sentirme anegada por el mar y seducida por cada una de sus gotas de agua salada.
De repenté tuve la certeza de que a mí me bastaría con una sola lágrima derramada en un océano para sentir las historias hermosas y terribles que navegan por ellos. Y sentí el deseo de mezclar esas gotas y llevarlas colgadas de mi cuello en un diminuto frasquito de cristal con forma de lágrima a modo de homenaje, pero como en mi caso, conseguirlas todas supondría ponerme obsesiva y petarda con mis amigo viajeros... decidí llevar en mi cuello una sóla gota lágrima de mi oceáno.
Dentro irían la voz de María, la vieja que se sentaba cada tarde en la playa de Panxón llamando desesperadamente a su amor, porque no podía recordar que diez años atrás él había dejado de poder volver a ella.
También estarían las ilusiones y penas de Constantino, que fue a Cuba a buscar fortuna y la encontró dentro de un saxo tenor, y que cuando regresó a su casa, nada más pisar tierra, la perdió al enamorarse de una mujer faltona, desconsiderada y tan egoísta que en vez de cabellos le nacían narcisos y a la que sus iris, de tanto mirarse al espejo, perdieron la capacidad de reflejar cualquier imágen que no fuese la suya
En mi lágrima de mar navegaría a incertidumbre de Estrella, que regresó de Venezuela a vivir en con su hijo, vieja , muy vieja, de cuero y chocolate, pero eso sí, con la misma piel de la mulata que, durante los años en que ella siguió en galicia, había vuelto loco a su marido.
También estaría Fidel con sus lágrimas de niño que ve partir al padre, luego a la madre, y que luego tiene que partir él, dejando sóla a la abuela y a todas las otras madres que cuidaron de él, y que hoy, en su setenta cumpleaños, elige, como regalo, destrozar su perenne ilusión de regresar a la aldea, para poder seguir junto a sus hijos y nietos, que por supuesto ni se plantean volver. Sus lágimas de anciano y niño todavía saben a miel.
En mi frasquito se escucharían la risas del muchacho que se fue a Londres y triunfó entre tililantes gelatinas de colorines y pasteles de carne picada, mientras escupía en los platos de los Lores que consideraba que lo maltrataban.
De mi colgante sadrían jadeos de amantes, desnudos bajo el sol o las estrellas, conjurando la incertidumbre, la soledad y el anhelo; Y con una simple mirada se podrían leer las historias de todos aquellos que usaron el Atlantico para ir y venir de sus vidas, y de todos lo que se quedaron en tierra esperando que otros marchasen o llegasen de nuevo a ella.
Canciones de amor y cuna, carcajadas de puta, lamentos de marinero, danzas tribales, encorsetados rezos, ruegos, risas, llantos, anhelos...todo lo que alguien sintió algún día se haría presente sólo con acercar el oído, o el corazón, al cristal, como con las caracolas y el sonido marino...como con las madres y sus niños...como con los amores de verdad... igual... igual...igual...
Hoy he colgado de mi cuello la gota de océano y he de confesaros que cambia de color como la piedra que me regaló mi novia de Irún, hoy está de color gris pena por los marineros que han desaparecido. Gritan que quieren volver a casa, que no entraba en sus cuentas el haberse ido. He mirado dentro y he descubierto que la marea de mi frasco había crecido con las lágrimas de los que, aferrados al amor y sin consuelo posible, les siguen esperando en la orilla, y por supuesto... tampoco me extrañó.
Hoy he colgado de mi cuello la gota de océano y he de confesaros que cambia de color como la piedra que me regaló mi novia de Irún, hoy está de color gris pena por los marineros que han desaparecido. Gritan que quieren volver a casa, que no entraba en sus cuentas el haberse ido. He mirado dentro y he descubierto que la marea de mi frasco había crecido con las lágrimas de los que, aferrados al amor y sin consuelo posible, les siguen esperando en la orilla, y por supuesto... tampoco me extrañó.
En la Ortigueira Asturiana, además de lápidas que rinden homenaje a los marineros que no pudieron volver del mar, encontré esta campana del viejo faro... estaba cubierta de óxido y niebla, pero salvó tantas vidas que ...la tuve que besar.
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