martes, 5 de febrero de 2008

Hoy he necesitado un cuento para poder despertar


Para poder salir de ese mundo donde se mezclan imágenes reales con otras más reales todavía pero...que no se pueden tocar.

Hoy mi cama estaba especialmente caliente y acogedora y no había manera de salir de ella.

Una nube de vacaciones se ha instalado por toda la casa:
un niño que ya sabe andar en bici, porque "qué habría sido de mí si no le hubiese hecho caso al consejo de Julio sobre impulsarme antes de poner los pies en los pedales",
un peluche blanco que sube y baja las escaleras y lame la cara de su niño dueño,
otro conejo, éste negro, que vive salvaje entre la hierbas crecidas de la huerta y no para de saltar delante de una de las ventanas de la sala,
un padre que hace zumos y tostadas,
una abuela que tiene que elegir entre venir a jugar con el nieto, o quedarse a comer el lacón con grelos y convertirse en peonza.
Y unos hijos mayores que no hacen ningún ruído porque o duermen, o no están...
Una nube llena de indicios de vacaciones me sujetó hoy a la cama.

Hoy no quería despertar y tuve que contarme un cuento lleno de otros cuentos que escribir e ilustrar, de árboles que esperan mis cuidados , de paseos junto al mar , y de corazones que ya han aprendido a no esperar para poder volver del mundo de los sueños.

Hoy he sentido pereza por vivir, por sentir, por tener que hacer el esfuerzo de soñar, de imaginar, de recordar que estoy viva y de esforzarme por ser feliz y practicar el bello ejercicio de la risa. Y quise seguir en ese lado de la vida donde no hay que hacer ningún esfuerzo para hacerlo, porque los sueños se fabrican sólos sin que tú hagas nada, porque da igual que sean bonitos que horrorosos, porque cada instante te regala otra oportunidad sin tener que fabricarla.

Puse en fila a los números, a las hojas de acces y excell, a las altas en casas de proovedores de aparataje de sonido, a los clientes que quieren celebrar con nuestros acordes su día más inolvidable, y a las múltiples estrategias comerciales que nos pasamos por el forro de los mismísimos, y los mandé a todos juntos entonando el himno del libro de la selva de vuelta a la vida de detrás de mi pantalla. "Mamá naturaleza de lo da..."
Así que desabroché el nudo que ata mis historias con cuerdas de ajetreos y me propuse elegir las fotos que me faltan para las últimas láminas. Eso y un paseo por el mercado, y conseguí que mi cerebro y mi piel quisiesen levantarse.
Un zumo que llega a mi boca porque alguien quiere que lo disfrute, la lluvia lamiendo los cristales, las gotas prendidas en las hojas de los árboles como perlas de cristal, el abrazo amoroso de mi niño pequeño, el conejo negro retozando con el gris, libres y disfrutones saltando por la huerta, el silencio de los que duermen, el murmullo de los que roncan, y la anestesia que brota de mi corazón, todo ello me mece en medio del cuento que he tenido que contarme para poderme levantar.

El teléfono ha sonado con voz de mujer agradable que quiere que le envíe un fax, el correo se abrió con mil encargos... la jornada laboral ha empezado, tarde pero ...implacable. Ya no puedo buscar mis fotos, ni fugarme un rato al mercado, pero luego, más tarde, saldré a vivir algo que me apetece hoy mucho: un paseo decadente por la orilla de una playa con columnas de balneario. La lluvia, que no la melancolía, me está invitando.


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