Una, de promesas de blanca novia, y la otra, morada, del color en que sangra el corazón.
Flores que mañana hará dos años, aparecieron ante mis ojos sin haber ni soñado con su existencia. Que traje a mi casa con esperanza y admiración, pero que jamás pensé que cubriesen tan pronto mi cascarón.
No sabía ni su nombre, ni si les iría mejor la sombra o el sol, pero al verlas ante mí sólo pude rendirme a su belleza y tuve que hacerle caso a mi corazón. Con ellas sentí que plantaba un trozo de primavera en medio de mis inviernos.
Hoy sólo puedo decir que es el año II de las flores más hermosas de todos mis febreros. y que por ellas abandoné a la planta que antes había elegido para cubrir mi porche, pero es que crecen tanto, con tantas ganas y me dan tantas flores. Las abejas se han invitado a beber de ellas hasta hace unos días. El murmullo sonoro cesó y ahora las flores comienzan a desprenderse cubriendo el suelo de blanca nieve y lágrimas... moradas. Una delicada alfombra de regalo para ojos y pies.
Durante este tiempo muchas veces he estado tentada a hacerles una buena poda, a dosificar su crecimiento por donde más me convenga a mí, pero...adornan tanto mi invierno que he preferido dejarlas crecer libres y como quieran. Les puse cuerdas donde sujetarse, intenté ayudarlas a prenderse en ellas, y algunas las toman, pero la mayoría las dejan y se van siempre hacia arriba y en busca de la luz. Sé que abandonarán los laterales del porche y cubrirán el tejado y los barrotes de la terraza. Una de las moradas se ha enredado en la morera y promete fabricar un extaordinario árbol con dos floraciones y dos tipos de hoja.
Durante este tiempo muchas veces he estado tentada a hacerles una buena poda, a dosificar su crecimiento por donde más me convenga a mí, pero...adornan tanto mi invierno que he preferido dejarlas crecer libres y como quieran. Les puse cuerdas donde sujetarse, intenté ayudarlas a prenderse en ellas, y algunas las toman, pero la mayoría las dejan y se van siempre hacia arriba y en busca de la luz. Sé que abandonarán los laterales del porche y cubrirán el tejado y los barrotes de la terraza. Una de las moradas se ha enredado en la morera y promete fabricar un extaordinario árbol con dos floraciones y dos tipos de hoja.
Se irán por donde quieran y yo seguiré admirando su belleza. Pero hoy las he visto demasiado salvajes, incluso para mi. Supongo que no podré resistirme a la tijera. 
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