
Viene bien esta historia para una víspera de cumpleaños. Una historia de amor bien contada siempre es de agradecer. También Saramago habla de amor en su última entrada, él lo hace sobre ese amor grande, enorme, profundo que cuando se encuentra es difícil no escribir sobre él.
Yo hoy pensaba escribir sobre el amor y los regalos, pero hoy lo dejo así, sólo con las bocas de tiempo de Galeano y con el corazón acariciado por el amor que Saramago le profesa a su presidenta.
La foto del cortacesped no tiene nada que ver con el texto de Galeano pero si con el amor que me rodea, el vídeo también es otro regalo lleno de ... de algo inexplicable.
La foto del cortacesped no tiene nada que ver con el texto de Galeano pero si con el amor que me rodea, el vídeo también es otro regalo lleno de ... de algo inexplicable.

"Informó que sufría taquicardia cada vez que lo veía, aunque fuera de lejos.
Declaró que se le secaban las glándulas salivales cuando él la miraba, aunque fuera de refilón.
Admitió una hipersecreción de las glándulas sudoríparas cada vez que él le hablaba, aunque fuera para contestarle el saludo.
Reconoció que padecía de graves desequilibrios en la presión sanguínea cuando él la rozaba, aunque fuera por error. Confesó que por él padecía mareos, que se le nublaba la visión, que se le aflojaban las rodillas. Que en los días no podía parar de decir bobadas y en las noches no conseguía dormir.
-Fue hace mucho tiempo, doctor -dijo-. Yo nunca más sentí nada de eso.
-¿Nunca más sintió nada de eso?
Y diagnosticó:
-Su caso es grave."
(Eduardo Galeano, Bocas de Tiempo)
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