jueves, 10 de abril de 2008

Un entretenimiento:Jugando a los corazones con mi onza de chocolate.

Corazón Pirolítico





A los que os suene muy porno hacéroslo mirar, pero este corazón no lo es, (si no tiene a su amor delante para pornografiarlo de arriba abajo y por todos los costados). Ese nombre simplemente significa que es autolimpiable, como lo hornos.
Me acabas de hablar de él. Me dices que el tuyo debe ser así, porque si no no te lo explicas "Con la de mierda con la que te lo han intentado llenar durante años."
Que si eres ésto, lo otro, o lo demás allá, pero todo muy, muy sucio, como el corazón que dispara su mierda contra tu manera de mirar.
El corazón pirolítico (no te mees por favor, o mejor sí, que necesito descargar toda la presión que he acumulado en este día) sigue sin lastres y limpio, por no decir inmaculado, que suena a Virgen María y de virgen, gracias a dios, solo tiene las selvas que discurren por sus doradas ingles.

Es liviano, de vapor, no pesa, no ata, sólo ama y deja que la vida transcurra en él como una brisa que le acaricia.
Cuando otras nubes lo desdibujan se transforma, se vacía y consigue de nuevo lucir entero y verdadero.




Corazón laberíntico







Donde la piel es el camino y los ojos la verdad, no sabe ni dejar salir, ni dejar entrar. Los sentimientos se agolpan en las paredes del laberinto y siempre estan perdidos sin saber llegar, sin saber marchar. Besos apagados, palabras mudas, y caricias perdidas.
Torpe y obtuso. Plateado y tortuoso, atractivo para unos y un desastre para otros, pero seguro que muy buen letrista.


Corazón espinoso







El más absurdo de todos. Muerto de hambre de amor y vendiendo la moto de que ya nadie le hiere. No le hace falta que nadie lo haga, porque él sólo se basta para hacerse el mayor de los daños
Falsa protección, sangre verdadera, tan verdadera como inutil. Pretende lo heróico y queda reducido a un reality de tarde.


Corazón ausente, fugado, o robado






Desaparece de repente, ante tu asombro. No te lo puedes explicar, ayer estaba ahí, y hoy ya no está. El vacio es infinito pero tiene la ventaja que sólo puedes sentir asombro, nada más. Nunca vuelve, pero la carne cierra el agujero y fabrica sentimientos nuevos aunque nunca alcancen a los antiguos en intensidad. Una mierda, la verdad. Eso sí, apenas duele.





Corazón casa









Acogedor, un cuarto de los deseos para cada persona que quiere, que ama.
Besos, caricias, palabras, risas o lágrimas... siempre lilas, claro está.
No espera nada y todo lo regala, pero sueña que existe un amor que pueda habitarlo entero.
Para este corazón sus huespedes son los más guapos del mundo.


Corazón lastre




Nunca viene con la tijera, si no que tienes que fabricártela. Una lata a veces y una de las mejores lecciones que puedes apender.

"Te quieren más que nadie, demasiado, todo lo hacen por ti, si pudieran no te amarían, pero te aman tanto que no pueden vivir sin ti. "
Se mienten más que hablan y suelen presumir de honestidad. Se quieren mucho pero muy mal. Blandir la baja autoestima es su chantaje emocional. Son terriblemente infelices por más que se consigan disfrazar. Responsabilizan a todo el mundo de su infelicidad.
Increiblemente... consiguen lo que quieren . ¿En quien estaré pensando? Qué cosas se me escapan cuando escribo...

Cuando te atreves a cortar la cadena el alivio es proporcional al tamaño del corazón que conseguiste soltar.

Corazón de chocolate


Dulce, sin jamás empalagar, el vicio adictivo del paladar.
Cariñoso, generoso, su compañía siempre te hace disfrutar.
Ummmmmmmmm Ohhhhhhhhh Ahhhhhhhhhhh
Paraiso real y paraíso irreal. Droga vital. Amigo hasta la jartá.
Exquisito, delicioso, auténtico, original, sublime.
La risa en medio del despropósito mas brutal.
Impensable no comértelo entero.





Aún tengo un montón de corazones más, pero me parece ya un abuso hasta para un blog de mi propiedad.
Besos, mi onzita de chocolate, que late, que late.
Me ha encantado la historia que me has contado de la hija de Gloria...preciosa la niña, preciosa la historia.


miércoles, 9 de abril de 2008

Cumpleaños feliz (II Parte)


La casa de Rosita:


Pegada a la puerta de Inés estaba la de Josefa y Mari Rosi. La pobre Mari Rosi, que se volvió loca cuando ya casi era maestra. Y todo por no haberse ido de casa, cuando la ignorancia y locura de su familia explotaron en aquella casa ante su nueva manera de relacionarse con el mundo.
Tenía que haber huido antes de que la drogasen con la dispensa de la santa receta médica.
Antes de que acabasen convenciéndola, en medio de aquella nube de valiums, de que sus nuevos amigos estaban endemoniados y que todos se reían de ella.
Antes de que toda la familia cuestionase el sentido de su vida: “porque… ¿para qué sirve una mujer que no sabe limpiar grelos, ni bordar como es debido por muchas cuentas que haya aprendido en la escuela?”
Tenía que haberse ido antes de que sus padres comenzasen a lavarla con agua bendita y llenasen de escapularios sus enaguas.
Antes de que la certeza de tener una hija al borde del pecado de la lujuria desmedida, se instalase en el banco de la cocina, donde padres, abuelos y tías, en medio de una partida de brisca, separaban las grandes verdades de las grandes mentiras:
“Que si la niña es una inútil, que si ahora tiene amigos, además de inconvenientes amigas, con los que ríe a carcajadas y se quiere ir de campamento.
Sacos de dormir, risas bajo las estrellas,curas que no parecen curas, hombres que no son hombres, mujeres que lo parecen. Otras que están más con los curas que con sus novios.
Dónde se vio una casa de religiosos que dejen entrar a una chica por la ventana del baño, una chica con novio formal…y de una familia que parece decente, qué vergüenza.
Dónde se vio un cura que ande con ella a todas horas y la lleve en moto con él a todas partes. Y eso dos hermanos amigos de ella… uno maricón, y otro que no para de decir cosas raras. Y aquella cinta que grabaron juntos diciendo barbaridades de brujas, padres que no dejen crecer, y almas del purgatorio cantando que el plátano es sensacional y que mamá naturaleza te lo da…”
Y así nacía una gran verdad que sobresalía en medio de la baraja de aquella familia: el demonio anidaba bajo la piel de todos… los que no eran como ellos.

Tenía que haberse ido con ella aquel 18 de marzo, antes de que la niña de casi siete años que hoy llueve sobre las esquelas, cumpliese dieciocho años enfrentándose a aquel energúmeno y pidiéndole a Rosi que se levantara de su cama y se fuese con ella.
Habían estado juntas tomando un café y un trozo de tarta de zanahoria en el comedor de la casa donde la abuela Mamatín había dejado de dar vueltas hacía ya ocho años. El padre de Rosi llegó a la puerta como una tormenta en medio del bosque, tronando un “A casa ahora mismo” mientas golpeaba la madera. Nadie hizo nada por la libertad de aquella mujer de veintitres años que lloraba y pedía que no la defendieran.
La niña que llovía las lágrimas sobre las esquelas pedía a su padre que no dejase que se la llevase el monstruo, pero éste decía que era su padre y que ella no había puesto resistencia.
Habló con Isa, la madre de su vecina hermana, que se metía donde hiciese falta si lo veía justo y necesario, pero también le dijo que no se podía hacer nada.
Pero ella no podía no hacer nada…
¡Tiene ventitres años joderrrrr! Puede hacer lo que le de la gana. No tiene porque consentir que le pegue su padre.

Subió las escaleras como siempre, de tres en tres. Siete escaleras la abuela de Charito, y Luisa la de Claudino, otras siete más las puertas de Josefa y la que había sido de Inés.


Llamó muchas veces, con la misma insolencia que el cafre lo había hecho en su casa, con los puños de trueno, y haciendo tanto ruido que salieron Mercedes y Manolé. Luego salió el padre de los Rivera, y allí, mientras les contaba a todos que Eliseo le pega a su hija con un cinturón, además de no dejarla vivir, abrió la puerta él conductor de autobuses. Le dijo que no podía entrar y la empujó, pero ella se coló mientras los vecinos intentaban hablar con él y calmarlo. Alguno de los dos hombres logró convencerlo y se lo llevó un rato con él. Ella aprovechó para hablar con Rosi;
- Levántate de la cama y vente conmigo. ¡Sal ahora mismo de aquí!.

Rosita lloraba con un desconsuelo que ella desconocía, y sin apenas fuerzas para hablarle, pero sus ojos la llevaron de la mano hacia las pastillas y el vaso de agua sobre la mesilla. VALIUM el domador, la ayuda perfecta para un padre que debe mostrar a su hija el camino perdido hacia las cuentas del rosario y el mandil.
Josefa le preguntaba qué quería de su hija, que la estaban volviendo loca ella y sus amigos. Y ella le decía que los únicos que la estaban volviendo loca eran su familia y el recelo ignorante en el que vivían. Pero enseguida se dio cuenta que nada tenía que hablar con ellos y volvió a dirigirse a Mari Rosi.

- Rosi levántate ahora mismo y vente conmigo, por favor. No te pueden hacer nada, vente conmigo. Te están drogando, ¿te das cuenta? ¡sólo porque tomabas café y tarta en mi casa, se creen con derecho a drogarte!
Rosi lloraba, le daba las gracias y le decía que se fuera que iba a volver su padre.
Pero lloraba rendida, acabada, derrotada y... no la podía dejar allí.

Ella nunca había llorado así. Cuando su hermano le pegaba porque no le gustaba la marca de leche que le compraba, o porque la encontraba dormida en la cama vacía de sus padres y él era el que tenái derecho a dormir allí, o porque quería que le planchase una camisa y la había traído a casa engañada y a ella no le daba la gana de planchar, y menos después de las mentiras y arrumacos en la calle para que le acompañase, lloraba, sí, pero llena de rabia, insultos y patadas en medio de fuerza bruta de aquel animal que nunca conseguía lo que se proponía por más hostias que le diera.
- Hijo de puta, ¿te crees que vas a poder conmigo? - Gritaba muerta de miedo y rabia. -¡Nunca, cabrón epiléptico de mierda!

Otro trueno precedió a Eliseo entrando en la habitación: ¡Qué salga esa puta de mi casa!
La agarró por un brazo y la quiso echar de allí. Ella le avisó que no volviese a ponerle la mano encima. Pero el amable conductor de autobuses, que tantas veces había llevado a los niños del bloque 14 sin cobrarles para que pudiesen quedarse con el dinero del autobus y se lo gastasen en el recreo, la empujó tirándola al suelo. Cayó de espaldas junto a la cama de Rosi. Y mientras lo hacía vio la cara de terror y pena más terrible de su vida. La pobre muchacha le agarró la mano y juntó todas las fuerzas que le quedaban para pedirle que se fuera:
- Vete, nos va a matar.
El energúmeno dijo que iba a llamar a la guardia civil, que el médico le había mandado darle aquellas pastillas tranquilizadoras a su hija y que la iban a detener por estar allí. Ella le dijo que sólo se iría si con ella se iba Rosita.
Se levantó del suelo, y mientras el gritaba barbaridades de putas, demonios y curas, le llamó maltratador, así que éste volvió a empujarla.
Su cabeza al chocar contra la pared le hizo sentir que ya había cumplido dieciocho años. Clonc. Le llegó la mayoría de edad con sonido de campana y dolor en forma de ola.
La rabia contra la fuerza bruta de su hermano y ahora contra la de aquel animal derribó los muros que contenían cualquier atisbo de conveniencia y compostura.
-¡Ni padres ni hostias! ¡Nadie tiene derecho a pegar, hijo de puta!
El cabrón era muy fuerte y se la quitaba de encima según se ella lo rozaba, pero logró darle patadas, manotazos y, lo que más rabia vació de su cuerpo: un mordisco salvaje y lleno de sangre en aquel brazo que la sujetaba por el cuello.
Josefa gritaba, Rosita lloraba lágrimas de miedo y pena cuando Isa, alta, frágil y decidida detuvo aquel despropósito y la quitó de allí.
¡¡¡¡¡¡¡¿Cómo la vamos a dejar aquí?!!!!!!! La están drogando porque tiene amigos. nosotros somos los que tenemos que llamar a la guardia civil y que los detengan por animales.

El resto del cumpleaños se lo pasó escuchando a todo el mundo que no se podía hacer nada. Eran sus padres y había un tratamiento médico por medio.
¿Pero qué coño de tratamiento médico es ese que te meten un valium porque no quieren que tomes tarta con una vecina, ni te rias con tus amigos?
El cura “endemoniado” los visitó pero… todo fue a peor.
Tenía que haberse ido de su casa aquella tarde en que ella la fue a rescatar con el sabor de la tarta de zanahoria y coco en la boca, estrenado los dieciocho años y la certeza del ahora o nunca.
Antes de que que contratasen un "profesor" particular para que la vijilase y la apartase de los demonios, del que, cuando se enamoró perdidamente, no dudaron en contarle que todo el interés por ella salía del bolsillo de su padre, porque su padre era el único que se interesaba por ella de verdad.
Antes de que su padre la violase, al menos una vez al mes, “por si tenía necesidad de hombre y para que no abusaran de ella por ahí…”
Dos valiums, una madre que se va de paseo un rato y un padre que se frota la polla en la vagina de su hija para ayudarla a ser decente.
Antes de engordar cuarenta kilos, hablar sola por la calle y sonreír todo el día como una retrasada mental.
Aquella vivienda le había disgustado desde siempre porque desprendía el aroma de las patatas y cebollas húmedas que traían de la aldea y que guardaban bajo las camas y los muebles del comedor, pero, antes de todo eso, cuando Rosita tenía doce años y escapaba de su madre para que no le hiciese rezar el rosario, o salía a secar su melena rubia al sol del patio del bloque 14, con la toalla bajo el pelo para no mojarse la camisa. Justo en esa época, en la que ella lloraba lágrimas sobre las esquelas el día de su séptimo cumpleaños, desesperada de miedo y pena tras ver por primera vez la espuma en la boca y los ojos en blanco de su hermano, y convencida de que la muerte se lo iba a robar, Josefa salía a robar la luz del pasillo por las tardes para planchar.
En el descansillo de la escalera, la mesa de madera, la manta quemada, la plancha caliente, la radio sonando, y entonces un delicioso aroma a ropa secada al clareo inundaba el bloque entero.

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martes, 1 de abril de 2008

LA NIÑA: Cumpleaños Feliz (Parte I )


La casa de Elena:

Estaba a punto de cumplir seis años, faltaban veinte minutos y miraba el péndulo del reloj de pared de la casa de Elena, su vecina del bajo. No paraba de caminar dando vueltas alrededor de aquella cuadrada mesa de comedor. Miraba hacia el suelo reconociendo las mismas baldosas que las de su casa, en el piso de arriba. La estancia era exactamente igual pero con otros muebles, otras fotos colgando de la pared, y sobre todo, otro olor.
La casa de Elena olía caldo gallego hirviendo sobre la cocina de leña. A ella le encantaba aquel olor y aquella casa, aunque hoy, con lo triste que estaba, solo quería volver a la suya. Nada le apetecía más que poder llamar a su puerta y que nada hubiese sucedido.

¿A qué olería su casa? Se preguntó cayendo en al cuenta que no le notaba ningún olor y que en cambio sabría reconocer el de todas las casas del barrio en las que entraba.
Aunque todos los niños del bloque le tapasen la vista con una venda sobre otra, sabía, con certeza, que ni cuarenta y ocho oscuridades sobre sus ojos la harían confundirse de vivienda.

Nunca había pensado en ello, pero ahora veía clarísimo que lo mismo que las casas tienen paredes y objetos de distintas formas y colores, también las habitan olores diferentes, muy diferentes.
Ese día, esperando que el reloj marcase las once y veinte de la mañana del 18 de marzo de 1968 e intentando escapar, por primera vez en su vida, de aquella mezcla de miedo y tristeza de la que jamás consiguió desprenderse del todo, ni en medio de sus grandes risas, se le ocurrió comenzar por el último piso del bloque a intentar identificar la huella olorosa impregnada en cada una de aquellas viviendas.

La casa de Mercedes:

La de Mercedes olía a velas y geranios y eso tenía un clarísimo motivo: Manolé, su marido, era muy supersticioso. Pero la niña no alcanzaba tan lejos. Sabía que encendían muchas velas a los santos, pero no que lo hacían mientras él fabricaba los primeros televisores del barrio y le pedía a Santa Cristina, que además de mediar por las almas del infierno y el purgatorio mediase por la suya, ya que no tenía muy claro si los televisores serían inofensivo progreso o invento del demonio.
Los geranios eran las plantas que más florecían en el barrio a pesar de la terrible y fría humedad. Mercedes en vez de tenerlos tras los cristales de las ventanas, como todas sus vecinas, los había puesto alrededor del comedor. Macetones sobre plato por el suelo y macetas con un trozo plano que encajaban perfectamente en la pared. Macetas Blancas y verdes con lunares. Un patio cordobés en un segundo piso de barrio obrero, en el que la voz de Manolo Escobar era la melodía perenne que la rescataba de aquella espesa y húmeda existencia.
Menchu, la hija de casi cinco años, era la niña más lenta que nadie se pueda imaginar. Para subir los treinta y cinco peldaños del bloque podía pasarse media tarde. Mientras lo hacía hablaba con las vecinas ya que las puertas siempre estaban abiertas. Pero no es que se distrajera en el camino, no, simplemente subía o bajaba y nosotros salíamos a acompañarla y a hablarle porque sabíamos que era muy lenta y se nos hacía dificilísimo imaginar, tantas horas en aqeullos peldaños sin morirnos de aburrimiento, pero ella, con aquella extrañísima lentitud, subía sin apenas detenerse y siempre parecía feliz, a pesar de escucharla decir que porqué les habría tocado a ellos la casa que estaba más arriba de la escalera y mirarno con cierta envidia.
Aún no habíamos oído hablar de los osos perezosos, pero mirado desde aquí, con la perspectiva que da tanta década transcuridas, aquello era como el ascenso de uno de esos osos a la copa del árbol más alto de todo el bosque.


La casa de los Rivera.




En cada descansillo había dos puertas, y la que estaba pegada a la de Mercedes y Manolé era la de los Rivera, que olía a jamón serrano desde la escalera.
- Es inconfundible y da muchas ganas de merendar. - se dijo, mientras notaba el Colacao dando vueltas dentro de su barriga pidiéndole permiso para salir por la boca.

Tenían un jamonería en la ciudad vieja y ese era el aroma que flotaba por toda la casa. Jamones colgados en la despensa, en la cocina, y en la habitación que por aquel entonces estaba vacía, cuando solo tenían cuatro hijos, dos niños y dos niñas. Antes de que a Pilar le quitasen un pecho y le hiciesen mal la ligadura de trompas y pariera otras dos criaturas.
Pero vivir allí, en medio de aquel olor hacía que a esos niños no les gustase demasiado el jamón. Tampoco a ella, que se pasó el año anteiror merendándolo cada tarde para acabar de curar una mancha tuberculosa que le había salido en el pulmón derecho. La tuberculosis era horrorosa.- pensó- Te hacía toser, estar cansada, no podías pisar la playa, a pesar de vivir dos meses colgando de un acantilado que daba al a mar, y por su culpa te hacían merendar jamón todas las tardes.
Pero los jamones de los Rivera eran mucho más ricos que el de ella, el suyo era muy duro y salado. Era de un húmedo cerdo gallego puesto a secar sobre la lareira hasta quedar petrificado.
Esa casa, además de a jamón, con mucha frecuencia le olía a canela dulce por la pota enorme de arroz con leche que les dejaba preparada su madre como meriendacena.
La ponían en medio, se sentaban alrededor cuchara en mano, convidaban a todo aquel que estuviese con ellos, y no paraban de comer hasta que lo acababan, tal y como les mandaba su padre. Le tenían mucho miedo. Miedo, admiración, y cariño, todo mezclado, como casi todos los niños que teníamos un buen padre. Por aquella época un padre además de trabajar todo el día tenía que dar algo de miedo.
Todos los hijos de Pilar eran un encanto, menos Mar, que era la niña mas mala y retorcida que conocía. Parecía alimentarse y crecer con el dolor de los otros, y sobre todo de las otras. Le daba igual como joder al prójimo, el caso era hacerlo, era una larica acusica que además se creía sus propias mentiras.

En ese justo momento en que sintió la maldad de su vecina pinchándole bajo el esternón, vio como los periódicos que Elena había puesto después de fregar el suelo, a modo de pasillo, y alrededor de la mesa del comedor por la que ella no paraba de caminar, se llenaban de gotas de lluvia.
Plop, plop, plop…
Miró al techo y nada había en él que pudiese mojarlos de aquel modo. Goterones gordos y pesados que dejaban un surco grande sobre el papel.
...plop, plop, plop…
De las paredes tampoco salía nada
…plop, plop, plop...

Por las ventanas abiertas solo entraba aire frío y húmedo, pero el cielo estaba totalmente azul.
En esas estaba: buscando nubes imposibles dentro de un gélido bajo de ochenta metros cuadrados, cuando se dio cuenta que aquellos goterones...
...plop, plop, plop…
...eran lágrimas suyas que salían de sus ojos con tanta fuerza que ni le rozaban las mejillas.
...plop, plop, plop…
Su propia agua mojaba las esquelas que sobresalían, amenazantes, de los periódicos del suelo. Nombres y cruces de negra tinta parecían querer hablar con ella y con su miedo.
Iba a cumplir seis años y sus ojos llovían sobre las esquelas mientras no podía parar de caminar.

Apartó la pena de la garganta, sujeto el miedo que campaba a sus anchas por su barriga y siguió haciendo el recuento “olorístico”, pero antes sufrió una arcada que quiso contener y un poquito de colacao le salió por la nariz provocándole un gran asco.


La casa de Inés



Siete peldaños de mármol gris más abajo, estaba la casa de Inés. A la que todavía no consideraba su otra madre, porque aún no había nacido su otro hermano, ni se había tenido que quedar en la incubadora, ni se había muerto después, ni se habían ocupado generosamente de ella para que no esperase, cada tarde y durante dos horas, a su madre a la puerta del hospital. Ya lo había dicho su padre mil veces:
-“Ese no es un lugar adecuado para estar ninguna niña. La niña lo que tendría es que estar jugando”- pero su madre estaba demasiado loca con su niño enfermo como para ponerse a buscar quien se quedase con ella. Además la niña quería, sin saberlo, “estar en todas”. Quería acompañar a su madre, que todavía llevaba los pechos vendados y que no podía parar de llorar. Quería acompañarla hasta la parada del autobús y caminar junto a ella por aquellas rutas solitarias por donde atajaba a todo correr, con la velocidad que puede alcanzar una recién parida, para ganarle cinco minutos al tiempo de ver a su bebe tras un cristal. También quería estar junto a ella cuando llegaba su abuela y le reñía a su madre por ir “mal arreglada” y parecer una mujer del barrio. Le decía cosas tan feas, mientras su madre lloraba sin apenas fuerzas para contestarle, que se vio obligada a defenderla ella:
-Pues yo a ti no te veo elegante, abuela, tu ropa tendrá un corte exquisito, tu maquillaje y tu peinado serán impecables, te mueves como una reina, y los hombres te echarán veinte años menos , pero ni pareces la hermana de mi madre, ni eres elegante. Elegante es mi abuela Mamatín, y nunca la escuché presumir de ello ni insultar a mi madre.-
- ¡Por dios! a esta niña se le nota que nació en el barrio. Que descarada y maledecuda, hablarle así a una persona mayor. Qué falta de respeto.- Decía estirando el mentón hasta el ridículo y provocando en la niña animadversión por la plabra respeto que quedaba bailando como una espiral loca hasta que ella lograba atraparla y colocarla.
Respeto para mi abuela es: callarme, aguantarle todas las tonterías, insultos, humillaciones y la verguenza de oirla decir a los cuatro vientos  lo maravillosa que es ella y lo desasatrosa que es mi madre.
Respeto para mí es : Ser cuidadosa y delicada con las personas, sobre todo con las que lo están pasando mal.

Pasaba las dos horas de visita merendando ensaimadas y pudines que le traía su egocéntrica abuela de la pastelería de la calle Real, cazando mariposas por el jardín, hablando con todos los celadores del hospital, e inventando juegos con dios con los que salvar a su hermano pequeño:
Si llego hasta aquella acera antes de que el viento levante esas hojas mañana sigue vivo Víctor. Si cazo esa mariposa vive dos días más, si la primera persona que me salude es una mujer  estaremos una semana entera sin sustos…y así hasta que su madre y su abuela salían por la puerta y ya no hacía falta preguntar nada ,porque viendo sus caras todo estaba más que contestado. Alguna vez hasta salieron contentas, porque les habían dicho que quizás pudiesen llevarse el niño a casa, pero eso nunca ocurrió.
Pero todo eso aún no había sucedido, ni el tiempo había transcurrido, porque éste seguía marcándolo el reloj de pared de la casa de Elena el día de su sexto cumpleaños.
Subió la mirada del suelo y vio que sólo habían transcurrido cuatro minutos. Fue consciente de todos los pensamientos que pueden caber en cuatro minutos, y como sabía que no podría contarlos decidió contar las vueltas que le cabrían en los siguientes cinco minutos, que le sonaban más completos y medibles que los cuatro que ya  habían pasado.
Al comenzar a contar recordó a su abuela Mamatín dando vueltas constantemente alrededor de la mesa del comedor de su casa y de nuevo sus ojos mojaron las esquelas.

No pudo contenerse y le preguntó a Elena si aparecería el nombre de su hermano mayor en ellas. Elena sonrió y le dijo que no, que ese día, o el siguiente, su hermano volvería a casa.
Así que ella quiso creerla y continúo bajando escaleras, saltándose una cuantas vivienda para poder llegar a su casa y acordarse de su abuela, encerrada y caminando sin parar alrededor de la mesa del comedor como hoy hacía ella.
- A ver si mi abuela da tantas vueltas porque ya se le ha muerto mucha gente. Quizás la tristeza y el miedo la hagan caminar sin parar. Se quedó sin dos maridos y sin su hijo mayor, además de unos cuantos amigos y amigas. -Pobre- pensó – por eso no para de andar, como yo hoy, que no puedo dejar de hacerlo.
Hacía menos de diez minutos que Elena había subido a ver que tal estaba. Siempre que salían dejaban la puerta de la calle cerrada, así como la cocina y los chineros del comedor donde guardaban la comida, porque la pobre mujer se olvidaba que había comido y tragaba todo lo que encontraba poníendose malísima.
Tuvo ganas de subir a abrazar a aquella vieja de la espalda más derecha, la risa más hermosa y los ojos más tristes que había visto en su vida, pero hoy no podía quedarse con ella, necesitaba sentirse protegida, cuidada, y cumplir sus siete años con alguien que se acordara de ello y la felicitara.
Le había preguntado tres veces:
-¿ Mamatín, sabes que día es hoy? Es el día de mi cumpleaños.
Y la abuela sonreía y la besaba. Así hasta diez veces, cuando se dijo a si misma que quería salir de allí y hablar con alguien que no se olvidara, y ahora estaba en el bajo volviendo a subir escaleras de su casa a la de Inés para recordar el olor de aquella.

La casa de Inés le encantaba porque siempre olía a café y a riquísimos bizcochos de mantequilla y limón. Tonucha y Virita, sus hijas, llegaron a ser sus mejores y más gamberras amigas durante el tiempo que vivieron en el barrio y un poco más allá. Además fueron los primeros del bloque en tener tele y en compartir su tiempo y espacio con los vecinos. Las mujeres iban a ver Bonanza, después de comer y fregar la cocina. Ganchillaban  suspirando por Nick las más mayores y por Trampas las más jovencitas. El café con achicoria nunca faltaba, y el bizcocho tampoco. A los niños nos daban pipas. Se dio cuenta que allí también ponían periódicos en el suelo y que nunca le habían dado miedo. Los extendían Inés y su hija mayor, Virita, delante de cada fila de niños sentados en el suelo, para que arrojasen sobre ellos las cáscaras y así ellas pudiesen recogerlas con comodidad. Pero las esquelas aún no la habían amenazado de aquella estruendosa manera, y el miedo que sentía era por algún monstruo que vivía en el fondo del mar, o perdido en el espacio, pero siempre dentro de aquella pantalla, nunca fuera. A veces nos juntábamos allí entre veinte y treinta niños.
Inés siempre fue muy cariñosa con los niños, por eso esta cuando murió, nadie pudo  encontrar ningún motivo por el qué habría querido abortar. Tenía dos hijas, un sobrino precioso y sordomudo alque adoraban  y a ella, que la llevaban y  traían como a una más.
Un bebé en esa casa hubiera sido una auténtica fiesta, pensó a los trece años, cuando Inés murió, incluso a los 26, cuando ya se le habían colado dos hijos, pero no pensaba lo mismo cumplidos los 46, incapaz de abortar, suponía, pero cuyo menor deseo era cuidar más hijos, a pesar de lo mucho que, como a Inés, le gustaban los niños.


jueves, 27 de marzo de 2008

Regalos: "Dos enamorados desconocidos". por David Perdiz



Camino por senderos inusuales, escribo a todo volumen, corro de la mano de algún amigo lejano, que seguramente, camine también al otro lado del mundo.

Sigo, sigo con esto,

A
Veces
Hay
Momentos
En que sales
Desprevenido sin quererlo
Se comienza y no se para.
Es algo sumamente inesperado

Todo lo que se espera puede llegar a aburrir.

Tantos lugares por visitar y tantas vidas por vivir.

Mientras, en un puerto anclado sin poder zarpar, estás ahí que no te pasan los segundos

Unos encarcelados dentro de cielos abiertos.

Sin más, sale el barco y no te dicen adiós desde a bordo.

Tomando en una estación de tren, observando como la gente se despide sin querer decirse Adiós.

Hay pocas cosas más tristes que una despedida de dos enamorados.

De vez en cuando no está nada mal llamar a un amigo que se encuentra lejos. Retornan viejos dichos y palabras susurradas al oído bajo un cielo atronador.

Se me acaba la poesía por momentos. La vida son estados de ánimo. No más .

Ya salió el barco y no nos despidió.

Hay momentos en la vida en los que hay que decir si, o no. Lanzarse a la piscina pese
a que haya poco agua.

A veces no solo nadan los mejores peces. Tagore decía que el bosque sería muy aburrido si solo los mejores pájaros cantarán.

Ya me voy, corro yo solo esperando a que algunos lleguen a mi lado. Mis páginas a veces se quedan en blanco y desconozco la razón. Hubo momentos con más colores.

Parece que puedan ser las nubes que no paran de pasar por encima de mi tejado.
Cosas que uno no entiende y nunca busca el por qué.


Salen de casa dos desconocidos que dentro de un rato se encontrarán en la esquina. Se chocan. Se miran. Se dan los perdones. Se buscan mirando un futuro en otra calle desolada. Se sobremiran. Se vuelven a mirar. Se buscarán por todas las esquinas de todas las calles. Se miran de reojo. Se saludan con un adiós y otro perdón. Se vuelven a mirar metros más adelante.

Él sabrá que la volverá a ver. Ella ya lo desea.

Meses después, en un bar a media tarde, entrecruzan miradas de soslayo uno a cada lado de la barra. Se saludan con los ojos. Se vuelven a pedir perdón por todo el tiempo pasado. Mañana cada uno recordará al otro. Ahora los segundos del reloj no paran de correr. ¿Unas palabras? Un mero que tal. Un sencillo como te va.

(…No nos conocemos de nada. Pero he soñado contigo todas las noches de este invierno. Yo te buscaba en los cines, en los paseos de los domingos, en las calles de los arrabales, en las barras de los bares, en las paradas de los buses, en las esquinas de todos los rincones…)

Un hola y todo cambiaría. No se dicen nada. Solo se vuelven a mirar varias veces tras las voces de los susodichos amigos que hablan sin cesar. Escuchando sin escuchar. Sin parar de pensar en aquel que se encuentra a escasos metros del cual no conocen ni el nombre.

Sin decir adiós. Sin llamar a la puerta. Sin correr otra vez bajo la lluvia después de haberla dejado en la estación de trenes. En casa, uno de ellos, busca por recuerdos del otro, objetos que le lleven de la mano a las caricias de los domingos de invierno, en aquella pequeña ciudad bajo los incesantes aguaceros. Lluvia de la que cobijarse en algún café. Cuantos cafés sin palabras. Cuantos besos que se perdieron por no decir hola. Cuantas mentiras a los padres que se evitaron. Cuantas lágrimas que se fundieron en la lluvia. Cuantas amigas encubriendo salidas nocturnas.

La vida sigue para ambos de este lado de la ciudad. Él pronto entrará en el servicio militar donde no parará de recordar a aquella chica con la que choco una tarde de verano. Ella seguirá con su trabajo de secretaria de ocho a tres tomando cafés con sus amigas las tardes de domingo.
Texto y foto David Perdiz

domingo, 23 de marzo de 2008

Trozos: lo que soy capaz de hacer para no hacer lo que debería...

Me esperaban los bancos y la contabilidad, llevan esperandome toda la semana, y yo... venga a cocinar, a pasear, a escribir, a ordenar mi mundo e intentar colocar cada cosa en su lugar.
Las alegrias por aquí, las penas por allá...los sabores del rodaballo y la mermelada de papaya, el olor del jazmín y el azahar gallegos, los besos, las caricias, las palabras de hijos, de madre, de amigos, los mensajes, uno con foto de nieve que no sabía quien me lo había enviado, el paseo, del que me tuvieron que rescatar porque el viento apenas me dejaba caminar, ¡olas en la ría!; las peleas, la mejor con palizara incluída. Si , hoy hubo un cuerpo a cuerpo contra mi gigante, él sabía que yo necesitaba soltar algo más que ternura y... nos dimos. Él empezó primero, yo no me tenía de pie, -una pereza horrible contra todo aquello que me preoduce dolor o desagrado me tiene paralizada- , y le pedía que me dejara en paz pero... según me fue dando, jajajaja me fui animando y hasta conseguí tirarlo del sofá con la fuerza de mis piernas y mis pies. Es tan grabde que es como darse contra una pared pero... a veces me encanta darme contra la pared.Un autético lujo para el día tonto que tengo.
He hecho de todo, o casi todo ... porque el día aún no acabó, de todo lo que sea menos acercarme a los bancos y facturas y a todo lo que me produce esa pereza vital. ordenaré nóminas y efectos pero nada de contabilizar, no me da la gana joder! Hoy me da la gana de hacer solo lo que me da la gana.

Esto es una pequeña queja, nada más. He disfrutado cocinando, escribiendo, paseando, peleándome, ordenando, viendo como fotografiaban mis cuentos, pensando que hoy mi madre está ocupada y peinada de peluquería y que podía aparcar su tristeza al menos un día ( mi madre no sabe estar triste, y ahora lo está y ... duele ...) y mirando hacia mis rincones del corazón donde las cosas se colocan como por arte de magia. No queda otra , la vida es así y soy afortunada, muy afortunada, "mi bandeja de entrada" siempre tiene palabras de amor.

jueves, 20 de marzo de 2008


David, me debes un word y una foto, para poder colgar tu regalo con la delicadeza que merece.
Un beso.

jueves, 13 de marzo de 2008

Sueños que llegan

A veces sueño cosas que van a ocurrir, cosas imprevisibles e increíbles para la razón que se alojan a a trozos en mi inconsciente y que durante la libertad del sueño danzan hasta recolocarse y fabricar toda una película antes de que ocurra en la realidad, de otro modo, pero lo mismo.

Normalmente no intento leer nada en ellos, sólo a veces cuando la intensidad es tan salvaje que no suelo querer despertarme sin preguntarles algo. Hoy me ocurrió. Desperté contándole a mi compañero de cama y vida, que había soñado con David.
Es la segunda vez en esta semana, y son sueños llenos de ternura e ilusión. Sueños en que el semtimiento más profundo y sonoro es el acercamiento de David.

El primero fue delante del grupo 2, Palavea, por supuesto. Estábamos casi todos, los que fuimos a Gijón, Paco y alguno más. Teníamos el Patrol y estábamos a punto de marchar. Julio y yo estábamos fuera recolocando alguna bolsa, cogiendo cosas, las puertas estaban abiertas y yo podía ver una a una las caras de nube de todos mis amigos, cuando de repente me sacaste a bailar, ohhhhhh, un abrazo con baile, supe que eras tú porque llovía Ludovico sobre el barrio, y sólo tú podías conseguir eso aunque fuese en sueños. Julio también quería bailar contigo y conmigo , y yo no le dejaba, sonreímos y tú reías a carcajadas.
Cada nota de piano era viento, el violín llenaba el cielo de lágrimas, pero las voces de day Dreaming nos ragalaban alegría y carcajadas. Sabía que estaba soñando, e intentaba recoger cada una de las sensaciones para poderlas descifrar con palabras. Imposible.

Ya hablamos y ya te lo conté, menos poético que ahora porque sólo sé soltarme cuando escribo, pero te lo conté, como también te conté el segundo sueño. Y tú dijiste que seguro que es que tengo ganas de verte y por supuesto que acertaste. Pero además aparecesite verde y temprano en mi mañana a decirme que me habías dejado algo escrito.

Quizás eso sea lo que yo presentí, y en mis sueños pude darte el abrazo y mostrarte la alegría que sentí por tu acercamiento.

Eres la criatura de mis Zarritas, pero además ya eres tú, sin más, David, un encanto, sorprendente, diferente, y que me suscita mucha admiración y ternura


He tenido otro sueño, tenía que ver con un río al que le tengo ganas y un agujero en el corazón, nada que ver contigo, sólo conmigo, y me temo... que de algún modo se cumplirá.




sábado, 8 de marzo de 2008

El árbol caído. Campo de Pena

Qué título por dios! pero es verdad, no es literario, es el árbol caído y el campo de Pena, pero es que hoy pegan tanto con lo que quiero contarte que pueda parecer que no son nombres de verdad.

A las 7.15 de la mañana del día 9 de marzo de 1998 moriste. Te fuiste sólo, sin ninguna de las dos a tu lado.
Dos días antes, en el hospital, me dedicaste la mirada más hermosa de tu vida, después de la de cuando me conociste que, evidentemente, no recuerdo.
Eras una piltrafa humana. Tu ELA hacía escarnio sobre ti y todos nosotros, pero tuviste la suerte de sufrir un infarto. Ese día, una semana antes de tu muerte, nos enteramos que serías abuelo por vía urgente y que el bebé tenía apenas unos días y estaba registrado con el nombre de Antonio. Querías que le pusiese Victor, como a tu hijo pequeño, al que enterraste en una caja blanca y tan pequeña que te cupo bajo el brazo, durante el paseo que diste, desde la puerta del cementerio al nicho que nos dejaron los del carrito. Te dije que no, que lo sentía mucho, pero que se llamaba Antonio, como tú y como mi tío de leche, muerto el 22 de febrero del año anterior, el mismo día y el mismo mes que nació nuestro nuevo hijo, jugarretas de la vida y de la muerte. Sabes que siempre renegué del José por más que lo celebráseis todos, así que dejé tu segundo nombre puesto, como un beso eterno de su abuelo y de su tío abuelo, sobre mi niño.
Querías que te lo llevara al hospital según nos lo entregaron, y también te dije que no, que devuelta a casa lo verías, pero ...le hice fotos.
Fui a verte cada día hasta que me vino la regla, ya sabes, esa atrocidad de mi cuerpo que me machaca cada mes y que me hacía desmayar en el baño cuando sólo tenía 11 años. Tú me recogías y me llevabas en brazos a la cama, sonriendo, creyendo que me mareaba de la impresión de ver la sangre, como tú, porque yo soy lo más parecido a ti que hay en este mundo.


El día seis de marzo fuí al hospital a recoger a mamá. Estuve sólo veinte minutos, porque no me tenía de pie, la regla empezaba y te dije que estaría sin verte un par de días. Tenías la respiración asistida ayudándote de vez en cuando. Te cogí las manos, las dos.Tu piel en ellas era tan suave como las de mi bebé, pero tus ojos eran los ojos de un padre que me decía que ya no llegaría a verlo. Arrojaste sobre mí la mirada de amor más hermosa que pueda imaginar ninguna hija: dulce, entera y llena de admiración. No podías hablar, nada, no podías mover más que tu mano derecha, que yo cogía y besaba, lo mismo que tu cara. Me llamabas tu hija en cada parpadeo, y la pena, teñida de alivio, asomaba tras tus pupilas. Me dijiste que el nombre que elegí para tu nuevo nieto te encantaba. Me lo hisiste reptir dos veces: Antón, Antón, fué el marchamo que pusimos a nuestra despedida, un cuño tierno y lleno de futuro. Te despediste de mí, con un terrible esfuerzo con el que conseguiste una leve sonrisa, leve, muy leve, (tu rostro apenas te obedecía, como el resto de tu cuerpo). Pero aquellos ojos... ¡dios mío!, ¡cuánto me dijeron aquellos ojos! Tragué saliva, te conté que acababa de hablar con la nutricionista, que te iban a cambiar la dieta que te metían por la goma por que necesitaban engordarte un poquito y darte más vitaminas; te dije que en cuanto volvieses a casa iríamos todos a llevarte al niño; te narré como Carlos y Alfonso se enamoraron del enanito nada mas verlo, y el susto que se llevó Carlos con un dedo mío pensando que Antón tenía tres brazos. Como un padre de diez años lo miraba. Sonreías y seguías mirándome de aquella manera en la que yo podía reconocer claramente tu adiós. Tenías más pena por no volver a verme que por dejar de existir porque yo soy tu cabra montesina, "y el que pasé de esta raya..." eso me cantabas desde niña. Siempre admiraste mi manera de perseguir las cosas, a pesar de tus castigos siempre hice todo aquello que creía justo para mí, incluso irme de casa ante tus despropósitos.
Teníamos que irnos, llegó la chica que te cuidaba por las noches y te besé un montón de veces en aquellas manos tan suaves, y no sé cuantas veces en la frente. Apretaste mi mano con fuerza y volviste a lanzarme aquella mirada de adiós, tan llena de amor que, por primera vez en muchos años, desde los quince creo, volví a sentir que tenía a mi padre.
No podía llorar, mamá estaba fatal y yo tenía que convencerla de que lo mejor de todo sería que no pasases de esa noche, pero yo quería que volvieses a casa. Y no podía soportar la idea de que tú supieses que tu corazón estaba estallando cada dos por tres y que te morías. Saber que uno tiene una bomba dentro que puede estallar en cualquier momento, aún deseando la muerte, tiene que ser terrible, pero ...todos la tenemos, ¿verdad, papá? Esos decías cuando murió Isa.
Dos días sangrando, como siempre, y Mamá contigo allí. Te llevó las fotos de Antón el día 8, las viste y sonreíste tanto que no daban crédito de que tu cara pudiese moverse así. Mamá se fue de allí a las diez de la noche, bajó sin dinero, se dio cuenta dentro del taxi, y le dijo al taxista: "Mire usted, me voy a quedar porque esto es una señal, mi marido se está muriendo y no quiere que me vaya". Pero el taxista la convenció, le dijo que la llevaba a casa aunque fuese gratis, y eso hizo, que necesitaba descansar y que mañana sería otro día. Subió a casa a ver a su nuevo nieto y a contarnos como había ido el día. Por supuesto que muy mal, "ádemás papá debe creer que estoy loca, porque le he estado cantando y bailando y diciendo que cuando vuelva a casa le vamos a poner la cama más cerca de la ventana y que no pienso sacar las plantas de la mesa camilla se ponga como se ponga".

A las 7.35 sonó el teléfono de mi casa: "María, tu padré murió hace un momento" También sonó para mi madre, pero ella no lo cogió, no quiso, y se puso a hacer la cama y a doblar ropa, sintiéndose como una loca que ni sentía ni padecía.
Me duché, me vestí, crucé la calle y entré en la residencia. Las monjas y el personal lloraban por ti, yo no, aún no podía. Cogí a Mamá y nos fuimos al hospital. Tú cama ya no estaba, sólo tus cosas en el armario. Nos cruzamos con la nutricionista en el ascensor. ¿ Se ha muerto? preguntó ¿así, de repente? dijo con cara de asombro. Yo me digí a ella con cara de ¿estás tonta o qué?- hombre, de repente...tres infartos en cinco días, Ela, cancer de laringe, y las arterias pegadas...como que no fue muy de repente, ¿no? Sobre todo para él, que llevaba años muriéndose encerrado en un cuerpo que no le obedecía.

Me miró asutada, no sabía si le estaba describiendo o riñendo...en realidad estaba echándole una bronca del copón. ¿Cómo cojones no sabía ella, la encargada de tu alimentación, todo lo que padecías? Sería quizás porque la estabas palmando y ya daba igual lo que te diran de comer y por eso nadie la informó. No sé, pero aquel "de repente" me trajo a la memoria los años que llevabas sin poder mover ni un puto músculo, encerrado, con toda tu lucidez, en aquel cuerpo destartalado, traquetomizado, baypass..teurizado, (como la leche) ¿cómó que de repente? ! joder! Demasiado lenta fue tu muerte para que está estúpida me hiciese esa pregunta en el ascensor. No se te pasaban las horas, sobre todo por las noches, quieto, sin poder mover la cabeza sobre la almohada, sin poder mover nin un poquito el culo o un pie. Le dije que probase a quedarse una noche entera despierta sin mover ni un músculo a ver si creía que la muerte le llegaba de repente, o lenta como una hija de puta que sólo quiere fastidiar. JODERRRRRR!!!!!!
No lo sabes pero tu nieto mayor, ha grabado un disco con un arpista y compositor. Tiene un par de canciones hermosísimas, su violín me pone los pelos de punta, en una habla de la muerte, de la puntualidad, pero contigo papá no fué nada puntual. Tú lo decías, " Qué dificil es morir...buff...te puede fallar un órgano, un sistema, pero hasta que te fallen todos...bufff.
Volvimos detrás del coche fúnebre, mamá lloraba, yo no, no podía, no paraba de repetirle que era lo mejor que te podía pasar, y que yo estaba contenta por ti y que sentía un gran alivio. Por el camino llamó el imbécil de tu hijo, llorando para que mamá lo consolara. Casi me cuelo por el teléfono y le pegó las hostias que no le di el día de la última mudanza de tu vida. Aquel día me hubiera matado, es un mazas y yo, a su lado, una mierda de tía a , pero me hubiera dado igual, como antes, y como siempre.
Luego el velatorio, el verte allí, según mamá “tan guapo”. Creo que las viudas segregan alguna sustancia que las hace veros jóvenes y lozanos, porque a Manola le pasó lo mismo con Antonio y te aseguro que la cara de muertos que teníais era horrorosa. Además contigo no se que coño hiceron los de la funeraria para cerrarte la boca, (supongo que pegarla con algún pegamento) que sobrepusieron el labio inferior al superior y parecía que tenías pucheros de niño ; Los amigos, los familiares, los ataques de risa míos y de mamá; la autopista, el entierro, tu hijo, que te llevó sobre su hombro a pesar de darla ataques cuando se acerca a cualquier muerto; la chaqueta verde de terciopelo, el abrigo negro de mamá, la comida en el restaurante donde aquella camarera gilipollas me quería vender la carne a toda costa; la cara de susto de Alfonso ante las extrañas reacciones de su madre y su abuela. Todo eso…y no te lloré, papá, no lo hice. Hasta un día, después de varias semanas, que puse un trozo de una ópera, que no recuerdo su nombre, era checa, creo, el Vltava salía en la portada del cd. Estaba sentada, en la sala, dándole el biberón de la tarde a antón y aquellas voces desnudaron mi corazón y mi mente de toda la lógica que tanto quería vender y venderme, y supe que me había quedado sin ti, sin mi padre y lloré, amarga y dulcemente lloré, aunque muy poco.

Esa noche, como cada noche desde que habías muerto, salí a la terraza a fumar un cigarrillo, miré hacia tu ventana y sentí el gran alivio de saber que no estarías pasando una noche en vela, inmovilizado y con gran dolor en el cuerpo y en el alma, pero fui capaz de llorarte con desconsuelo bajo las estrellas y recuperar la imagen de aquel padre, tan vital y tan... libre.
Hoy también puedo llorar como cada 9 de Marzo y verte mover en la fotos del camping, del monte, de las tascas de Coruña, donde hacíais los campeonatos de mus, las fotos en chelo......Tú también alucinabas con el Mandeo, como yo, porque tú clavaste en mí la necesidad de buscarme paraísos silvestres.

Te escribiré más, y escribiré sobre ti, porque la verdad eres todo un personaje. Mamá cree que algo de ti vive en Antón, ya te contaré, la verdad es que ha hecho alguna cosa increíble, además de provocarte tú última gran sonrisa.

¿Viste que guapos salimos en la foto?

miércoles, 5 de marzo de 2008

Mi nube de Gijón.

Aunque sea una ficción, siento que mi nube sigue enjaulada por los barrotes que fabrican el cariño y la memoria, y que mi jaula cuelga prendida del agradecimiento.
Sois los más guapos, la gente más guapa del mundo, ya lo dijo Julio un montón de veces, y...sois mis amigos, mi basca, mi peña, mi...

Un cuento regalo

Estoy en la cama, me acosté muy pronto porque he llegado mareada, dolorida y cansada de la tarde de mascarilla que me he pegado hoy y de los excesos tóxicos de mi paso por Gijón.

Comencé a subir al gmail las fotos de mis amigos, y del regalo que fueron estos días, sin ser capaz de escribir ni una línea y sintiéndome todavía en una nube de abrazos, besos, risas y confabulaciones de los astros para que todo fuese, todavía, mucho mejor de lo que se podría imaginar; y entré al blog, a colgar una foto que expresa lo que quiero hacer con lo vivido este hermoso fin de semana, que empezó en jueves y terminó en domingo.


Además hoy hace 10 años que llegó mi niño pequeño a casa y mis tripas están totalmente enternecidas , mis dedos ansiosos por acariciar, mis brazos por abrazar y mi boca apunto de explotar de tanto beso esperando swe posado en su espalda, su nuca y el trozo de cara que conduce hasta las comisuras de su boca. Besitos pequeñitos, esos son los que estoy acostumbrada a darle a mi niño, millones de besos de metralleta.

Tendré que esperar a mañana para darle los de hoy y se atropellarán con los de mañana y rebosarán por su cama y lo envolverán de espesuras de mamá sin medida.

Hoy tengo tanto que besar y narrar, y... tan pocas fuerzas para hacerlo. En mi esternón se agolpan palabras de amor, admiración y agradecimiento, muchas, que irán saliendo cuando sea el momento, pero dejaré colgada una lista de asuntos pendientes:





  • Gijón y la nube que me envuelve




  • El primer día con mi bebe gaseosa.




  • La editora que no me ve en sus colecciones y...




  • ...el calamar que me hizo experimentar el amor fraternal en grado sumo. ¡Venga a flipar! ¿qué pasa? a otras se les aparecen santas en sueños, o algún cachas lujurioso, pues a mí se me aparece mi calamar. Y hoy lo encontré, de repente y despierta. Irisado del morado al rosa, con cuerpo de hombre escamoso, párpados de plata, rostro de alien semihumano y ...¡enmascarillado! Tengo testigos, pero además volveré para fotografiarlo bien (hoy hice mi primera foto con un móvil y mi compañero de sueños no se aprecia como merece) para poder mostraros que mis sueños no son desvaríos de cuentista.



Pues en estas cosas andaba, cuando al mirar las entradas, encontré un cuento que os había pedido y que ninguno de vosotros me escribió, (menuda banda de cutrevagos de los cojones) escrito por mi amiga del alma, según ella, y mi novia de Irún, según yo. Lo encontré justo en el momento en que divagaba sobre la idea de que el año que viene el congreso de Fforchildren es en Cáceres, y quizás estaría bien alquilar una casita de turismo rural e irnos todos allí a repetir la orgía, en plan tradición, como las buenas familias.

Pensé, todo el rato , que en la nube en la que todavía estoy flotando, y en la qque pienso seguir todo lo que pueda, me faltaban dos amigos : mis novia de Irún, y mi novio de .........................(no se puede poner la ciudad no vaya a ser que peligre la vida del artista). Pues eso, que mi novia me ha escrito un cuento y yo lo cuelgo aquí, donde se vea bien y luzca mejor.
Me vuelvo a las entradas a subir la foto metáfora de lo que llevo haciendo desde que volví de Gijón y a descansar la cabeza.


Gracias, mi princesa de las manos escondidas. Tú, y todos los que me conocen, saben lo mucho que te quiero y lo lista que me has salido. Tanto es así, que mi amigo el calamar me envió esta foto en cuanto leyó tu cuento, me dijo que en Japón además de los cisnes, también los peces aristocrátas viven en apartamentos y todo ...por contentar a sus mujeres, ¡hay que joderse!






"Este cisne tiene una historia bien curiosa y como soy tu amiga del alma, pues no me queda más remedio que contartela.Se que a ti te hubiera gustado que simplemente se hubiera metido en la lata para hacerse la foto, pero no fue así.



El cisne se llama Jean Antoine Patte de Foie (es que es francés).Nació de una familia muy aristocrática y elegante y toda su infancia se desarrolló en los grandes lagos de un chateau del sur de Francia.Todo iba estupendamente en su vida, aunque también hay que decirlo, era una vida un tanto monótona y aburrida. Por las mañanas, hacía unos largos de laguna para mantenerse en forma; por las tardes se acicalaba y engrasaba bien sus plumas para ir a la conquista de alguna cisna que estuviera de buen ver para dar envidia a sus amigos, y los fines de semana, organizaban unos partidos de patadas que casi siempre terminaban de una forma drámatica, ya que habia más de un cisne que se habia quedado pataplégico en la flor de la vida, pese a las recomendaciones de sus madres de que no realizaran deportes tan brutos para unas criaturas tan elegantes.




Un buen día, se dijo que ya estaba harto de comer hojaldre remojado en leche y que necesitaba dar sentido a su vida y conocer mundo y nadar en otras aguas y pavonearse con otras cisnas exóticas, aunque la palabra pavonearse le resultaba extremadamente vulgar, pero nadie habia inventado aún la palabra patonearse. Así que, pensado y hecho.









Una helada mañana del mes de Enero se despidió de sus padres con grandes lagrimones y muchos aleteos, prometiendo volver hecho un cisne de provecho (yo supongo que un cisne de buen provecho será el que tenga el higado bien gordo ¿no?)Bueno, pues como te iba diciendo, que a la mínima me despisto y sin querer, me voy a contarte otra historia. Pues eso, que nuestro cisne aristocráta, se marchó una fría mañana de enero sin llevarse ni siquiera unas plumas de repuesto, sin pensar en su inocencia, que hay por el mundo muchos desalmados que a nada que te descuides te despluman.





Pasaron muchos meses y logicamente nuestro protagonista vivió grandes aventuras, algunas apasionantes y hermosas y otras verdaderamente terribles, ya que en varias ocasiones estuvo a punto de ser capturado, y otras muchas, de morir atravesado por los tiros de tantos y tantos cazadores desaprensivos y cegatos que no saben distinguir entre una codorniz y un cisne.¡Ay, amiga mia! pero las cosas iban a cambiar muy pronto para nuestro amigo:Se enamoró, como lo oyes. Se volvió loquito perdido por una pata japonesa que conoció en un parque. Al principio todo fue maravilloso, pero con el tiempo, la pata Lota (ese es su nombre) se fue volviendo conservadora y martirizaba continuamente a nuestro amigo con que queria tener una vida estable, tener patitos, o cisnitos, o lo que saliera, en definitiva, vivir en un estanque seguro.Al fin, decidieron establecerse en Japón. Viajaron mucho tiempo hasta llegar a su destino y cuando lo lograron, cual no seria su sorpresa de que a pesar de que buscaron y buscaron, en agencias y por su cuenta, recomendados por los familiares de pata Lota. En fin, que hicieron lo indecible para encontrar un estanque digno donde establecerse, pero las posibilidades de encontrar un espacio libre eran casi imposibles. Al fín, por medio de algún regalito que otro, consiguieron sobornar al gerente de un estanque que, tras muchas gestiones, pudo hacerse con una hermosa lata de pescado donde alojar a nuestra pareja. Hoy siguen atrapados en un hermoso estanque, siempre preocupados de no chocar con las latas de sus vecinos para no tener que pagarles los desperfectos, ya que los cisnes no tienen seguro.

Así que esta es la historia de un cisne metido en una lata, aunque como puedes ver no es una lata roja, ni verde, ni oxidada. Es una explendida lata de oro, no podia ser de otra manera ya que en ella habita un elegante cisne aristocrático y francés".
24 de febrero de 2008 21:44