jueves, 12 de febrero de 2009

Flores de Febrero



No se cómo se llaman, no sé en que estaría pensando cuando las planté, o sí lo sé y me produce ternura y me hace sonreir, pero no recuerdo su nombre y eso que lo pregunté un par de veces en algún viveiro.


Planté una blanca y una morada. A la blanca se le dio por crecer contra viento y marea, en cambio la morada, con lo hermosa que es, cómo que le costaba.
Al año siguiente encontré otra morada y la planté, supe su nombre pero otra vez lo olvidé.


Me emperré en ver ese color junto al blanco y lo conseguí.
Ahora el morado salpica el blanco en el porche y comienza a enredarse por la morera desnuda, vistiendo, aún timidamente, de primavera a un árbol caduco y dormido del que sólo puede verse el tronco. Lo hará hasta que la primavera lo preñe de brotes y ella vuelva a quedar oculta entre las hojas tan deseadas por los gusanos de seda.
Supongo que el próximo invierno cuando de nuevo la morera se deshoje, tras habernos regalado su brillante sombra durante la época de calor , el tronco asomará con su nuevo y espectacular traje de razimos morados.
Chocan contra los ojos, de modo inesperado, los razimos en de flores sobre el invierno, chocan contra los ojos y los corazones sacudiéndoles su letargo estacional.
La vida es un cambio de estaciones y sentimientos, y encontrar hermosas y floridas sorpresas cuando parece que no sea su tiempo es todo un regalo.
Las planté inocente pero intuitiva. Ahora las vivo sorprendida y agradecida por la belleza primaveral con la que enmarcan mis febreros.



Febrero es de temporales y granizo, de caida de árboles y bateas estrellándose contra la costa, es de gritos del viento zoando por el cabo roncudo nombrando, de uno en uno, a los muertos en el mar, barco por barco, hombre por hombre, pena por pena, pero también es de cumpleaños y fechas hermosas, pero además, desde hace tres años, febrero es el mes en que estas flores me dibujan, en medio de temporales e inviernos, una ficticia y engañosa primavera. Un sacudida para los sentidos ,adormilados y envueltos por nieblas y cortinas de agua que parecen no tener fin.

Es increíble como crecen y los hermoso que pintan este mes. Sólo tienen tres años y parece que tengan siglos de historia enredada. El secreto de tal crecimiento fue una casualidad nada pensada, ni imaginada: una cuerdita colgando de la teja al suelo y una enredadera que quiso crecer sólo por ese camino... y ya sólo hubo que ponerles más cuerdas, más hilos, donde ellas, si les place, se quieran agarrar .

Cuando las planté ellas eran así, y yo... ¿yo? quizás fuese otra sin esta ficticia primavera. No lo sé, es algo que nunca sabré.


Febrero del 2006, parecía un ramo de novia.
Hoy parecen el traje entero.

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