sábado, 15 de diciembre de 2007

Trozos VI: de sabores y privilegios



-¿A qué te saben las lágrimas lilas? me preguntas para saber más.

- A agua de ría y a sueños que puedan hacerse realidad, nunca a sueños imposibles. Dulces como el río que baja hasta su boca y saladas como el agua con la que la marea lame sus orillas.

A esa mezcla de bravo salitre que medra y mengua, acaricia y golpea, e impregna de olor a algas la realidad, y también a dulce corriente que nadie puede parar.


Te da miedo mi melancolía, dices, pero a mi no me impide disfrutar de todo el azul que hay en mis días, ni del blanco helado con el que hoy están pintandos mi hierbas y caminos, regalándome estas ganas de chimenea, caricias y sofá.

En mi casa hoy ya es Navidad, con bombillas de colores y jardines blanco efímero. Con el sol bailando radiante sobre el mar. Con mis hijos sanos guapos y buena gente , como nunca y como siempre. Con mis amigos llenos de cariño que poder asaltar, atracar, coger, robar, tomar... y con esa sensación de privilegio que rodea casi todos mis días.


Mi melancolía, princesa mía, me envuelve de modo amable y madreselva, me mima con caricias de hiedra, me mece en sus brazos de abuela y convierte las canciones que navegan por mi hogar en aguas de terma, para que yo flote, boca arriba, mientras sus besos, de uno en uno, se quedan a vivir en mi boca.


¿Me preguntarás de nuevo, preocupada, a qué saben mis lágrimas lilas o... te atreverás a saborear las tuyas?

El lila y el malva son colores que siendo vos quien sos... no deberían darte miedo. Sólo quien depende de otro ser para ser feliz debería tener cuidado al asomarse al abismo de la melancolía, pero tú y yo, mi princesa, de vez en cuando, claro está, podemos darnos un buen baño en ella. Quizás por eso, algunas veces, necesite tanto zamubllirme por aquí.


Oye , releyendo ésto me han entrado ganas de jurar en arameo, en incluso lanzar escupitajos al suelo (esgarrar que se dice en mi barrio) ¡Joder!... Es que en esos renglones de ahí arriba parezco el Bucay de los cojones ¡no me jodas! ¿Será que a estas horas me está bajando el azúcar? Creo que sí, de la cocina sale un olor delicioso que me trae a la memoria el sabor de alguna lejana caldeirada. ¡Eso sí que es sabor y no la mierda esta de las lágrimas lilas!



Ves mi amiguiña, qué pronto vendo la melancolía, o al menos la aparco, y por una cuestión de sabor nada lila...sino marrón y naranja, porque ahora mismo me voy a tomar una tostada con un poquito de jamón en el que antes envolveré una cucharada de mermelada de papaya, estó lo haré justo antes de subirle a mi vestido nuevo de la Boutique "O chán" para que me quede por encima de las rodillas, pero bien arriba, para lucir un poco de mi zambo y rico muslamen y quitarle ese tufillo a señora que no me acababa de convencer. Luego haré un paquete y te enviaré el tuyo, que es igualito que el mío pero con otros colores, junto con tu regalo Zivago del año pasado.

Qué desastre de amiga tienes cariño, pero has de saber que te quiero un montón... y la yema del otro.


La melancolía es un lujo, un privilegio que sólo pueden permitirse los que les sobra comida, además de salud, así de sencillo. Y la lucidez y las risas que nacen en ti, cuando contemplas con respeto tu propio ombligo, son los únicos boleto que te impedirán ahogarte en el sufrimiento al que puede concudir la adicción al estado melancólico.

Anhelos y melancolía no tienen poque tener el mismo significado que sufrimiento y desesperación, y si para ti fuese así ...no se te ocurra ponerte a jugar con ellos, mejor es que te dediques a eso que tú sabes hacer tan bien.
Pincha en el gordo y el falco, anda...








2 comentarios:

Anónimo dijo...

Como no voy a darme un baño de melancolia, las princesas lo hacemos a menudo, aunque me faltas tu para frotarme la espalda, para secarme las lagrimas lilas y no consentir que se tornen negras. Mis y tus suaves lagrimas malva, esas que nos surgen algunas veces como torrentes imparables, empapandolo todo...pero de pronto, surgen esas ganas de jugar que siempre tenemos y ponemos nuestras penas a secar al sol y estallamos en risas hasta que de nuevo surgen las lagrimas, esta vez, son de todos los colores y con ellos fabricamos una larga trenza en la que las dos, como buenas equilibristas, caminamos hasta unirnos en el centro y que tu me preguntes: ¿Y ahora que hacemos?
Y yo te contestaré: Pues no se, amiga mia, dadas las circustancias lo que procede es columpiarse.

Enredada dijo...

Ay, mi amiguiña escritora, qué alegría leerte en esta penúltima mañana del dosmilsiete en la que casi me acabo de levantar (estoy hecha una pendona) y me encuentro de regalo un columpio procedente... jajajajaja (que conste que, como siempre, la emoción con la que me envuelves me ha hecho llorar lágrimas, lilas claro, de amor, de ilusión, de admiración, de... lujo.

Tú y yo lilas, malvas, pero ni un tono más allá. Sólo te consiento que te pongas morada... de cosas ricas.

Me voy a dar un paseo, mi princesa que no sabe pintar manos pero que fabrica columpios como nadie, pero que sepas que sigo columpiándome en nuestra trenza sabiendo que eso es lo mejor. ¡Qué sabia eres, carallo!