viernes, 23 de noviembre de 2007

LA NIÑA II: Mi abuela


Recuerdo que no andaba y que vivía en el colo de mi abuela Mamatín, cuyo nombre real era Estrella, la vieja más elegante y con más desparpajo que conocí en mi vida.


Recuerdo como me llevaba de aquí allá por todo el barrio, hablando con unos y otros, y como yo le exigía irnos si no me gustaba con quien parloteaba.

Recuerdo su negro olor a jabón de la Toja y el tacto de su trenza blanca y mojada justo antes de convertirse en un moño con el que ya quedaba perfectamente arreglada.

Recuerdo su piel morena, dulce y arrugada.

Recuerdo su hermosa sonrisa y sus grandes carcajadas.

Recuerdo el olor a sol que dejaba en su pelo el verano, y sus abrazos de dulce astracán, cuando el invierno, cargado de lluvias y nieblas, entraba por nuestra ventana.

También recuerdo su mirada perdida y la profundidad de sus ojos verdes acariciando el vacío que ya fabricaba su alma.

Sus ojos eran la única parte de su físico que me permitían saber cuando ella se sumergía en los oscuros pozos que ya le regalaba la nada que la asediaba. En mis recuerdos, hasta hace nada, la tristeza era verde Mamatín.

Un día, mientras ella me sentaba en mi bacinilla, le pregunté :
-¿Mamatín, cómo puedes reírte tanto y tener los ojos mas tristes de todas las abuelas?
Y ella me respondió:
-¿y tú, cómo puedes ser tan pequeña y saber tanto de una vieja gloria como yo?
-No sé cómo, pero yo te veo por dentro abuela, además te quiero mucho, más que a nadie.
- Pues sólo por eso, mereces que te cuente a ti, y sólo a ti, porqué mis ojos están tan tristes:
Yo era un mujer feliz, tenía tres hijos, vivía en una casa preciosa llena de amigos, plantas y pájaros y estaba locamente enamorada del hombre más cariñoso y generoso de la tierra, pero un día, de repente, enviudé y los ojos se me quedaron así para siempre.
- ¿Y que es enviudar abuela?
- Enviudar a veces es que se te muera tu marido, pero otras, como me pasó a mi, es que la vida te arranque el amor de tu piel, que te robe el sosiego y que tengas que seguir viva y riendo para que tus hijos sean felices. Así enviudé yo, loca de amor por tu abuelo. Y loca de amor por tu abuelo sigo buscándolo entre los agujeros que ahora tiene mi memoria.
-¿Tú memoria tiene agujeros?
-Sí, muchos, pero ese es un secreto que sólo sabemos tú y yo.

Ese fue el primer secreto que alguien me regaló, y lo recuerdo muy bien, porque no fui capaz de hacer caca, y al día siguiente me tuvieron que poner uno de esos horribles supositorios de glicerina, mientras yo gritaba que la culpa era de mi abuela por darme un secreto a guardar, justo en ese momento que más que de guardar era de soltar. He de reconocer que casi todo lo que acontece en mi corazón tiene consecuencias en mis intestinos

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