
Hablar de mi salud me resulta difícil, más que nada porque contando como he estado, o estoy, me siento dando paso, o mejor dicho, cediendo más espacio a la enfermedad. Me siento abriéndole las puertas, tirando muros y dejándola pasar de mi cuerpo a ese lugar de mi alma de atea donde se encienden mis ánimos, y dándole más importancia de la que quiero concederle. En definitiva, me siento nombrando y renombrando un mal estar que cada vez que cede yo ya no quiero mirar, no vaya a ser que se me instale como si toda yo fuese su casa y ocupe todo mi universo. Ya sé que tengo que prever ciertas cosas, y lo hago y lo haré , pero tengo una necesidad tremenda de una tregua como la que tuve hasta ahora después de descubrir la SQM esta de las pelotas. Ya me llega cuando todas mis fuerzas y todos mis planes consisten en no ahogarme, o no irme por la pata abajo y mi universo contrae el zoom a cuatro prioridades: conseguir que el aire encuentre el camino hacia mis pulmones , que la comida tarde en encontrar la salida y no monte un cristo, que no me vuelva asesina de ningún médico y que no puedan conmigo la desesperación ni el miedo.
Ya me llega, por eso cuando los síntomas no están, o no son tan cabrones, dejo de mirarla, por más que tenga que tomar medidas, ya que ella solita se encarga de volver mi cara hacia la suya.
Pues por eso no quiero contaros como han sido los días, porque hablo primero contigo, y luego contigo, y al final del día contigo, y, lógicamente, además de sentir que me quereis tanto como yo a vosotros, siento todo lo anterior y me da mucha pereza, porque quiero mirar hacia el paseo con setas o con mar, hacia el sofá con caricias, dejar mi mirada posada en las vacaciones con todos mis hijos, en los ratos con amor de amigos, en las confidencias de hermanas, en mis cuentos, en los cuentos de otros, en las palabras vía telecom, en los blogs amigos, y en un avión amarillo que hoy eschotamos varias veces...
La noche del viernes hubo marejada alta sobre mi noreste, apenas dormí, sentada, carraspeando y temblando de frío. Ayer estuve todo el día sentada en el sofá, con cagarrina, pero hoy ya salí de nuevo a pasear ( a seguir rastreando cantareliñas) y después de comer estuve grabando hijos intentando hacer volar un avión amarillo. Lo conseguimos, incluso después de eschotarlo al primer aterrizaje, destrozarle las alas contra el suelo y el timón contra un árbol, y salvarlo de la boca de un perro. Alfonso fillo es todo un manitas, (montó los boxes en pleno monte) y aunque Antón sufrió y se resistiera a volver a pilotarlo y yo sea una pésima grabadora de vídeos, la risa, una pequeña muestra de toda la que hubo, quedó grabada en varios vídeos. Intentaré subir alguno , mientras mando a la mierda, en este momento de calma, a la SQM de los cojones.
2 comentarios:
¡Ay, cómo te entiendo!!! Si no le haces caso, se enseñorea, y si le haces demasiado caso, también. Hay que encontrar el puntito...
Besos desde mi jardín
Pues sí, así mismo es. Yo paso todo lo que me permite y un poco más :-) pero a veces, contándome a mi gente, o probando a lidiarla , acaba ocupándolo todo.
Besos para ti y tu delicioso jardín
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