

No estoy bien, eso está claro. Mi cuerpo me agota y yo agoto mi cuerpo, aunque quizás se ponga en huelga porque necesita hacerlo. No me extrañaría nada.
El caso es que apunto de volver a la verticalidad vislumbro los días próximos con una de mis composiciones visuales, como siempre.
He estado entretenida, he visto mucho cine, he leído bastante y he escrito un poco, pero sobre todo he estado sin ocupar mi mente en de todas esas cosas que tanto peso están teniendo , muy a mi pesar, en el discurrir de mis días.
Y como siempre mis conclusiones llegan de forma visual mucho antes de que mi cerebro hile con collares de palabras mis decisiones y aciones, voy a dejar aquí pintado lo que me está pidiendo el cuerpo.
Me veo acercándome a una palmera en la que hay demasiados cocos, pesados y ásperos cocos. Cocos que sacan cartas para un juego al que yo no quiero jugar. Una carta tras otra, todas envueltas de tortuosas afectividades y sinuosos compromisos de los que ya no contemplo en mi vida desde hace muchísimo tiempo. Cartas que además borran mi ilusión de crear para disfrutar , para compartir ilusión y sentirme más viva, más María, más libre.
Además otros cocos que no he sacudido desde hace tiempo, pero que yo he regado con mi pereza, están haciendo que mi palmera se vuelva tan pesada que ya no pueda mover sus hojas para regalarme la brisa del viento.
No planté mi palmera para que se rompa con pesos de los que ya he librado mis batallas y que no deseo en ninguno de mis presentes, no, la planté para dejar crecer la calma que me da su sombra y los cantos de sus pájaros y para que la visiten toda suerte de seres que han decidio aorender a no llevar cuentas de toma y daca.
Así que esta semana espero tener el cuerpo preparado para sacudirla y dejarla limpia, y mientras te lo cuento me dices, no sé si con amor o miedo, que por si acaso te agarrarás fuertemente al tronco.
Hazlo por favor, lo necesito, que estoy que lo tiro todo y lo mismo me quedo sin lo bueno de lo bueno, que ya sabes que cuando se me da por sacudir mi mundo a veces sacudo todo lo que pillo en medio.
2 comentarios:
Ay Maria, que miedo me dan "los cocos". Cuando era niña y me hablaban de cocos me metia debajo de la cama y cerraba los ojos, ahora de grande, los abro bien y procuro ponerme un casco.
Tu no puedes tener una palmera cargada, abrumada de tantos "tengo que" que no salgan de tu corazón. Tus ramas deben estar libres, mecidas
por el viento, o por el huracan, depende de como venga la vida.
Te animo a sacudirte, despacito, como si te desperezaras lentamente para que no te lastimes tu y no dañes a nadie, pero vete soltando lastre y alza tus ramas al sol (ya se que las palmeras tienen sus ramas mirando a la tierra) pero tu siempre has sido un poco rara y estoy segura que tus ramas tiran hacia arriba.
No permitas que ningún peso, ningún compromiso, te arrebate lo que tu eres ni oscurezca lo que has creado con tanto amor y tanto esfuerzo.
Yo, ahora mismito me voy corriendo, a ver si encuentro un casco del tamaño de mi cabeza.
La princesa de las manos escondidas
Mi querida princesa de las manos escondidas.
No sabes tú cuanto tienes que ver en esta historia, porque no sólo has estado en los partos, si no en algunos casos, como en este cuento, tú sabes que has sido la musa, la fuente de inspiración, y sobre todo la compañía dulce, jacarandosa y loca que yo siempre necesito.
Así lo hice, amiga, despacito como desperezándome, con suavidad, pero llena de convencimiento.
El día fue suave, lleno de palabras que no hieren, ( eso creo) y que desatan nudos del alma y del estómago. Los cocos comenzaron a alfombrar mi suelo sin ningún estruendo.
El primer coco que calló fue el del idioma que me niego a aprender.
El segundo no hizo falta que yo lo tirase y la persona que más ha llenado de cocos esta palmera lo tiró sientiéndo un gran alivio.
La palabra que uso como conjuro fue "aplazamiento"(cambiamos fecha de estreno)
Y al caer estos dos cocos el resto fueron dejando mi palmera por contagio:
Ventas, distribución, financiación, como tú quieres, como quiero yo, perdieron las riendas de nuestro tiempo, quedando éste reservado para volver a lo importante, disfrutar haciendo volar princesas, pastores, ovejas ...
Estuvo bien, y la palmera ha quedado limpita, al menos en lo concerniente al asunto de las princesas de las manos escondidas, esas que tú me regalaste y yo convertí en cuento.
De nuevo la ilusión reina en mi palmera, pero aún me siento como si me hubiese atacado una resaca.
Tengo sueño.
Un beso muy grande para la reina de mis princesas.
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