jueves, 29 de enero de 2009

Mi niño grande




Estoy feliz porque sé que te va a venir muy bien, porque sé que vas a disfrutar y sobre todo por lo mucho que vas a descansar de sentirte hijo, a pesar de lo bien que nos va. Pero te voy a echar de menos tanto que "te despido" con la emoción bañando mis ojos.

Eres la persona que produjo en mí el cambio más espectacular de mi vida. Tenía los mismo años que tú tienes ahora cuando el centro de mi universo mudó de mi ombligo al tuyo. Era tan pequeña y tan grande como lo eres tú hoy cuando me enamoré de ti para siempre. ¡Con el miedo que eso me daba!
Ni te pedí permiso, ni me lo pediste tú a mí. Apareciste en mi vida de enclenque independiente y enamorada haciendo tambalear todo mi universo. No tenía ninguna gana de ocuparme de nadie, ni lo pretendía, ni sabía.

Tu embarazo fue tan extraño como toda yo, y tu parto el más duro que pudiese imaginar, y aún así, con un costurón que les llevó dos horas remendar, una gasa olvidada por mi destrozado útero, los brazos tan hinchados que no podía plegarlos, sin apenas hierro, y con la tensión arterial por los suelos, salí del quirófano diciendo: "No fue para tanto", sólo porque por ti... todo vale la pena.

Desde que te sentí dentro de mí te amé, pero en cuanto te vi...¡oh diosss, tus cuatro kilos de niño me volvieron loca! No podías ser más bonito , de verdad, a pesar de la cabeza de pepino que te dejó por unas horas el fórcex.

No lloraste ni al nacer. Respiraste perfectamente, cómo si llevases siglos haciéndolo, igual que te pusiste a conducir, o a manejar aparatos de sonido, o a cubrir de madera las paredes... cómo si llevases siglos haciéndolo, repito.
Siempre dices que para saber hacer algo sólo te hace falta mirar cómo alguien lo hace.

Aquel primer día de tu vida, tus ojos, siguiendo mi dedo en tu cuna de cristal, fueron el anticipo de la gran comunicación que tendríamos sin utilizar ni una sola palabra. Yo pensaba en silencio y tú me contestabas en alto, jajajaja, incluso tenemos testigos.
Todavía hoy, sólo con verte, sé cómo y qué cosas andan por tus adentros.

Ya sabes de sobra a cuantos bebés cuidé y besé, pero contigo el amor y la locura se multiplicaron por cifras imposibles de ser escritas.
Contigo aprendí a ser mamá, a dar la teta, a cocinar, a babear, a pelear con tu padre (nunca habíamos discutido antes, jajajajaja) a ducharme con la puerta abierta y el niño en el pasillo, a mecer el serón mientras hacía cualquier otra cosa, a cocinar mientras dabas solo tus primeros pasos de mis piernas al pasillo, y vicerversa. Además aprendí otra cosa por muy increíble que te parezca: a andar, porque antes de ti iba corriendo a todas partes.

Contigo aprendí a decirle no a mis padres y a quien se pusiese delante a defender lo indefendible. A ser una madre segura y disfrutona a la vez que temblaba con cada una de tus fiebres.
Contigo aprendí a dormir como los delfines, a proteger a mis cachorros como una loba, a dejarme montar como un caballo, o como un coche jajajajaja,( me río del efecto mariposa que esto tuvo en la llegada de tu hermano mediano) a leer libros dentro de tu parque, e incluso a dormir la siesta, de nuevo embarazada, dentro de tu cuna.
Contigo aprendí lo que una madre quiere a un hijo, lo que un niño quiere a una madre, y de una madre.

No echo de menos nada porque sigues estando y porque cada etapa de tu vida trae pegadas un montón de cosas hermosas que nos toca aprender a la vez, pero ya sabes cuánto me gusta ejercitar mi memoria. Y acudidiendo a esta veo llegar revoloteando como pájaros:

Mis besos por tu cara, recorriendo a pasitos el trocito que iba desde la oreja a la comisura de tu boca, mientras tú te chupabas el dedo.

Las palabras escritas con mis dedos por por tu espalda cubierta de crema: Liiiiiin-do, pre-ciooooo-so, te quiiiieee-roooo, Al-foooon-so, maaaaaa-má.
Los mordiscos en tu culo, los masajes en tus piernas y la cara de risa que se te ponía cuando llevaba mi boca a beber las gotas de agua prendidas de los dedos de tus pies tras el baño.

Mis caras de ¡OHHHHH! que te hacían reir aunque estuvieses llorando.

El Cotton Club entero bailado sobre mis brazos en cutrelandia, mientras papi estudiaba y madrugaba tanto que caía dormido sobre los libros.

La odisea que era llevarte conmigo y pretender comparme un sujetador, o cualquier prenda de ropa que me hiciese quitarme la parte de arriba, sin oirte gritar en el probador: TEEEEEETA, TEEEEEEETA y el posterior destete que tú decidiste con tu: "¡Buaggg, caca!". (Siempre creciste así, de la noche a la mañana, e incluso de la mañana a la noche, sin más y de repente.)

Lo loro y filosófo que eras: "el univelso está loco" "y el más pequeño de los selditos, poco amigo de tlabajá y mucho de diveltilse..." y el gran escuchador que eres ahora.

Lo poco que te duraron los celos ¿dos días? jajajajaja y la paciencia que siempre tuviste con tu hermano.

Tu tiendita de ¿qué quelía? y lo buen músico que fuiste desde bien enano. Y aquel "Soy el Sr Carrro, soy Carro" que gritabas llorando desde la ventana los miércoles que trabaja por la tarde y no querías que te dejara.

Lo bien que aprendiste a leer "sin mirar" y lo poco que me tuve que ocupar de tu vida académica.

Lo buen amigo que supiste ser desde bien pequeño y lo mucho que sabes disfrutar de la gente.

Y dando un salto vertiginoso en el tiempo, me voy a las noches en que te recogía después de cada concierto.
Si es que empezaste a ser artista con trece años, un violín chino, y una mamá loba que tenía un Patrol y pensaba que tenía un tanque, y por eso se iba sola en medio de la madrugada a rescatar de las garras de temporales y carreteras, con zumbados dentro, a su cachorro.

Las Salomon que te compraste trabajando en la vendimia.
Tus múltiples oficios de adolescente: Hombre anuncio, panadero de roscas de pascua, vendimiador de uva albariña, camarero de verano, desescombrador, repatidor de publicidad y de electromdomésticos...además de violinista mercenario.
Y seguro que me olvido de algo.


¡A patatá! : a plantar
¡a bajajá! : a bajar
¡a subebé! : a subir
¡a vitití! : a vestir
¡cojo, cojo, cojo! ¡cojéme!

Tendría que haceros un diccionario a cada uno.

Y aquella noche de San Juan, en la que aún te faltaba un mes para cumplir los dos años, y me dijiste, subiendo hacia casa en mis brazos y con tu cara pegada a la mía: !Mamá, nunca me olvidalé de lo que te quielo esta noche de tantas estlellas!jajajajajaja. Te comí a besos. Menos mal que dejé un cacho que siguió siendo tú.


Así, recordando, podría estar hasta mañana, e incluso hasta el año que viene, jajajaja.
Recordando los pasos que dimos juntos, tú de hijo y yo de madre, pero voy a dejar de hablar y voy a colgar un vídeo de mi niño grande, ya barbudo e igual de precioso y lindo , y su colega de piso.

Este vídeo me gusta mucho, no por la pieza, ni por el escenario...si no porque tú y Nando sigáis tocando hasta en el descanso.

Menuda madre te ha salido que en vez de colgar tus célebres actuaciones cuelga un vídeo en un vestuario germano, pero es que de tal...hijo, tal madre y viceversa.

En honor a Alfonso y Nando en su nueva aventura.
También en honor a Milla para que siga comiendo :-)

No hay comentarios: