jueves, 25 de diciembre de 2008
El vino en un barco...
Hay momentos en que mi corazón enmudece para no poner palabras al mostruo que acecha en alguna de mis esquinas más punzantes y jodidas.
He de reconocer que es por miedo al dolor, y que esta vez, a pesar de toda la racionalización del mundo sobre tus ochenta años y las leyes de la vida, se le ha dado por sangrar gotas espesas madrehija. Como aquella tortura de mayonesas que me obligabas a hacer contigo, mientras tú soltabas gota a gota el aceite sobre la limpísima yema de huevo y yo batía la cucharilla siempre con el mismo ritmo y en el mismo sentido.
cli cli cli cli cli cli cli cli cli cli cli cli cli cli cli cli cli cli cli cli cli
Hasta el aburrimiento, cli cli cli. Y todo por creías que se le había antojado a tu marido, y él sin haber abierto la boca,como casi siempre. Pero como tú adivinabas sus deseos e incomodidades parabas el mundo para hacer mayonesa o lo que tú creyeses que le haría comer o sonreír. Parar el mundo, entregar tu vida y la de quien fuese porque tu había decidido que el ombligo del universo era tu marido.
Hoy me siento así: espesa, batida, mezclada entre la madre que soy desde hace tantos años y la hija que fuí durante tan poco tiempo.
Desde los quince años, e incluso antes, me siento madre de mi madre, así que ahora no debe extrañarme sentirme como si fuese a perder a un cachorrillo.
No eres uno de mis hijos, por ellos ya me hubiese vuelto loca, como tú por el tuyo, pero me dueles más como un ser al que llevo cuidando toda mi vida, que como alguien que me ha cuidado, aunque todavía recuerde que eras el único ser de la tierra que conseguía quitarme el miedo sólo acercando tu espalda la mía, en medio de cualquiera de mis pesadillas, de cualqueira de mis noches.
No puedo dejar que mi corazón me hable... demasiado dolor para mirarlo a los ojos y que tú no me lo notes...
También he de confesar, que después de agotar mi cupo de resistencia con mascarilla, me siento como una leona enjaulada, con todos sus miedos y rabias a flor de piel y eso enturbia muchísimo cualquier mirada.
Así que ... sigamos cantando.
Siento no haber encontrado a Conchita Piquer...pero esta versión de Ángela Molina te va a gustar mucho , te la enseñaré si conseguimos que vuelvas a casa.
- ¿ Pero qué has hecho hija?
- Ná...lo que me pedía el cuerpo
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