

Querida Paz:
Esta tarde conocí a Pilar, una diminuta anciana de 89 años que caminaba con bastón por la ladera de un maravilloso balcón que asoma al Tambre a su paso por Ro.
Me había fijado en unas flores preciosas que cierran la mirada hacia el valle desde la carretera.
¡Para, para! - dije abriendo la puerta del coche.
Bajé a hacerles una foto y allí, en medio de las flores, estaba ella acariciando aquellas dalias rosas, algunas más altas que su cabeza.
Le dije que quería fotografiar las flores, e incluso a ella, si no le importaba.
Me preguntó, muy contenta que si me gustaban , y al decirle que ese rincón me parecían tan precioso que tuve que parar, dió un chimpo y me espetó:
-Bendito sea el día de hoy que a alguien le gustan mis flores tanto que para el coche para retratarlas.
Me gusta plantar esto, tanto como la comida, tanto o más. Me gustan mis flores, las cuido yo sola...
La conversación siguió por su ombligo enfermo, el médico de Santiago, ¡tan bueno que le dijo a su nuera que no hacía falta que la llevase a ella a buscar los resultados ! y los nietos que tiene en Pontevedra ...o en Lugo, que no sabe ella muy bien de nombres de ciudades ya. "Que me bailan en la cabeza" De ahí pasó a las manos y a los besos, tras un "me teño que limpar o fociño".
Me asústé un poco pensando en que podría oler mucho a detergentes etc, dejé de respirar mientras la besaba, como dejo de hacerlo cuando me cruzo con alguien en pleno monte mientras busco la mascarilla, pero no, sólo olía a jardín de aldea con río: a hierbas, dalias, agua dulce y monte. Tuve suerte, ya que me tuvo cogida de la mano mucho rato.
Apunté su nombre y dirección y quedé en mandarle la foto por correo. Se despidió sonriendo, de un modo simpático que ahora mismo no recuerdo muy bien, pero algo así como " Espero que veñan moitas veces a quitar fotos as miñas flores e que siga esta vella por aquí."
Tú no lo sabes, Paz, pero estábamos en tu velatorio. Julio, Jesús y yo, que, a nuestro estilo, nos juntamos para poder digerir, un poco al menos, el que ya no te podamos abrazar.
Escribiría mil cosas hermosas sobre ti, sobre tu mandera de ser y estar, sobre las ganas que siempre tuve de tenerte de hermana mayor. Recordaría en alto tantas horas a tu lado mientras crecía arrimada a la sombra de los mejores árboles.
El barrio, la autopista, los desahucios, el mercado, las horas en el ayuntamiento( antes del faraónico meapilas de los cojones) reuniones y comidas, y cenas, y tu casa, y tu Paco, nuestro Paco, y tus padres, y tu hija, y tus hermanas, y tu vida...
Tu comprensión, tu apoyo, tu cariño, tus abrazos, tu risa...
Puedo escribir un libro entero sobre ti y lo mucho que te quiero y te quiere la peña, un libro entero sobre lo buena gente que eres pero...de momento sólo me sale llorar.


