miércoles, 12 de noviembre de 2008

Viviendo bien





Dejé a mi niño en el camino al cole, junto al más amigo de sus más amigos, arrastrando mochilas y saludando perros que esperan pacientes el momento de dormitar en las carreteras, en cuanto el sol caliente un poco el aslfalto y el trasiego de la hora escolar descienda , más todavía, el tráfico por la aldea.



Bajé a correos, aparqué delante de la puerta, con dos ruedas subidas a la acera, enfrente de una nube de cincuentonas con ropas oscuras que hablaban de pérdidas y desgracias. Con la mascarilla de pato blanco que me regaló mi peluquera, Araceli la bella, entré a dejar dos sobres y a comprar sellos, y aunque no llevaba llave tambíen recogí el montón de cartas y revistas que nos llegan al apartado. No cabían y la mujer que me atendió me dió también un montón que guardaba fuera, de eso hablábamos cuando entró otra mujer que me miró con curiosidad y poca discrección, tan poca que terminamos dirigiendo a ella a la conversación que derivó sobre la humedad del otoño que despega hasta sobres y sellos. Me despedí y salí a la calle, y fue entonces cuando de nuevo recordé porqué había pasando tantas tardes por Vilaxoán buscando un lugar donde plantar mi casa.



Una fugorneta de reparto esperaba a que yo sacase el coche de la acera para ponerse ella. Dentro, su conductor comía un bocadillo de jamón asado y queso, cuyo delicioso aroma a salsa traspasaba mi mascarilla llamándome: María, Mariaaaaa... e inundándome de unas deseos locos de abrirle la puerta, asaltarle y robarle el bocata, pero un miedo anafilácticopreventivo me devolvió a mi estado de mujer que prefiere estar viva a comer bocatas que no debe, y ese mantra que nace en mi cabeza ante deseos imposibles hizo su consolodara aparción: no puedes pero estás muy bien, no puedes pero estás muy bien, no puedes pero estás muy bien, así rezongaba mi cabeza cuando le oí decirme:
- Nena, vas salir, verdad?
- Sí, sí, salgo ahora mismo. - le contesto sonriendo todavía con la mascarilla puesta.



- E qué tés mociña, qué che pasa?, non teras esa enfermedad malísima da alergia química?



- Esa misma. - digo ya quitandome la mascarilla mientras tiro el montón de sobres sobre el asiento del copiloto de mi coche.



- Pois co guapiña que eres ter que tapa-la cara é unha pena. -dijo como si le hablase a una adolescente. - E dirás tí que son parvo por falrte así... xa sei que esa enfermedade e moi mala.


- ¿E como vou decir que é parvo por chamarme guapa? en todo caso teréille que dar as gracias.
Reímos los dos y me doy cuenta que las mujeres no nos quitan ojo.
- E tes que ir a todo-los sitios así?



Cuando me disponía a contestarle un coche que ni había visto, pero que parece ser llevaba un minuto detrás de la furgoneta le pegó un bocinazo.

Fué entonces cuando volví a sentir porqué elegi vivir en el monte, en la aldea, junto a un pueblo pequeño y una ciudad con los servicios necesarios para tenerlo todo, lo bueno de la civilización y de la aldea , sin apenas padecerlas.
Las mujeres que habían parado su conversación para atender a la nuestra comenzaron a increpar a la conductora:
-Qué prisa tes, carallo! caaaala un pouuuuuco, muller
- Onde cona terás que ir con tanta prisa?
- Acoúga, muller que hoxe non tes feira

-E que non se pode estar falando interrumpindo o tráfico. - contesto la mujer a sus vecinas.

- Non nos estreses co pito, ostia, ¿qué tes que facer tan importante?

- Ir as miñas cousas, o é que agora nos se pode nin orjanisar unha?


- As tuas cousas, as tuas cousas, por eso sempre estás estresada...si habías de estar coma nos... aquí ...preocupándonos do que lle pasa os viciños. ¡Mira!, esa moza ca que está falando Pedro... ten a enfermedade química, verdad rapaza?
e si non nos preocupamos uns dos outros a ver qué cristianos do carallo somos...
-Eso seguro que tes prisa para despois estar pejada a televisión mirando cousas que non te importan


Me reí, me reí con muchas ganas. Tantas , que las tipas no sabían bien que me pasaba. El de la furgoneta ya había bajado a sacudirse las migas del bocadillo y a mirar quien era la que protestaba, las mujeres estaban todas junto al coche de esta, y comenzaron a preguntarme. Tuve que volver a ponerme la mascarilla para acercarme a ellas: tuve que explicarles que ellas también eran "químicas" aunque no usen colonia; tuve que contarles todo ese rollo sobre entar o no entrar a los sitios, los productos que uso en casa y los que usan mis amigos, etc, etc.

-Así que vives en Faxilde ¿é cómo viñeches a dar equí?

- Porque andiven a empadronar por Vilaxoán o gustómume tanto que eu penso que namorei.


- E que os de Vilaxoán somos o melloriño, eh, temos as nosas cousas, pero onde esté un veciño...
o que pasa que hay pouca xente que nos sepa apreciar...

Me fuí cuando dos coches más se pusieron a la cola, no porque pitaran, no, si no porque me dio pereza volver a empezar a explicar porqué llevaba mi mascarilla de pato. No hizo falta, las mujeres se lo contaban a las recien llegadas mientras el de la furgoneta y yo apartábamos los coches.


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