domingo, 15 de junio de 2008

Flores precipitandose contra el suelo








Dices que qué me está pasando, que no soy yo, que entras aquí y que no me reconoces...


¿Qué ocurre -te preguntas- qué no dejo salir la humedad que me habita ni siquiera envolviéndola con palabras que escapan por alguna otra boca? ¿Qué me está ocurriendo que hablo sin contarme, que escribo sin dejar salir lo que tú siempre has visto dentro de mis historias, de mis cuentos?



No puedes creerme, lo sé, no puede ser real que tu amiga pase de largo otra vez más frente a sus heridas sin que estás, al menos, doblen sus piernas.


Mira este dibujo, princesa, míralo bien y dime que flores ves más hermosas ¿las que están llenas de color pero estrellándose contra el suelo, o la silueta blanca que queda tras ellas?


Yo no lo sé, pero mis ojos se van hacia la silueta blanca y erguida a la que le están arrancado parte de su vida, sí, parte de su color, sí, parte de su luz, vale, pero mientras el color y el volumen se estrellan contra el suelo, mis ojos se posan en las siluetas blancas que quedan atrás, prendidas en la pared dibujando un presente contínuo, casi inglés, en el que no pasa nada grave si las flores se escapan de ti, porque la belleza es tan misteriosa como la propia vida.


Ni yo misma me reconozco es verdad. Anestesiar los apetitos es lo que tiene, supongo.


Besos de niño, caricias de hombre que te ama hasta la extenuación, palabras encendidas, tardes de domingo mojado mirando la lluvia, correos de amor, promesas de abrazos de los mejores amigos, palabras hermosas, miradas de respeto, días que llueven sobre otros, verano intermitente, hortensias, manzanilla, begonias, claudias, mirabeles, escenografías, torres, árboles, princesas, láminas blancas esperando por mí.







¿Ves este árbol compañera? que yo no pueda comerme ni una claudia no le resta ni un poquito de belleza, nada, y me encanta contemplarlo. Me siento bajo su sombra y veo como los mirlos se comen los frutos que están en el suelo. Otros mirlos y mirlas más humanos se zamparán el resto y yo puede que un día de estos pruebe...ya veré.

Oigo un "sacho" golpeando la tierra bajo la ventana de mi habitación, no lo puedo resistir, el olor de la tierra mojada y pensar en plantar más flores me hace muy feliz, me voy de aquí.


Besos, Te quiero como siempre y ...más.


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